Te recuerdo como el tono de gris que todos buscan, ese que muchos alcanzan y no llegan a distinguir.

Podría ser por el color de tu pelo, o quizá por ese matiz de perfección que alcanza alguien en el recuerdo de otro alguien cuando ya no está.

Recuerdo el arrastrar de tus zapatos a lo largo de las escaleras, ese sonido incierto y firme de cada paso que hoy recreo con la lluvia cuando cae con fuerza.

Recuerdo por supuesto tu olor, podría distinguirlo entre un millón de primaveras; tan tuyo, y tan mezclado con medicinas.

Recuerdo casi como un milagro tu voz, a pesar de los años, a pesar del ruido; esta vez cierta y poco firme, aún serena.

Lo recuerdo tormenta, pero sobre todo lo recuerdo callado.

Y tu tacto, abuelo, recuerdo el tacto de tu piel algodonada, suave y casi sin plegar.

Recuerdo mirarte desde abajo y verte menos inmenso de lo que hoy te recuerdo.

Cuánto pude aprender de ti y qué poco tiempo tuve. Lo sé porque cuando me concentro en pensarte, acabas por no caberme en el pecho; me vuelvo una niña, ésa que jugaba con tu caja de botones mientras me recitabas, poemas de tu padre.

Los álbumes de fotos están un poco más vacíos, pero no te preocupes, es sólo que se han dispersado un poco.

8

Ya nos conoces, abuelo, la casa ya no huele a ti, ni suena como tú sonabas, está un poco más fría, más turbia, más hueca y estoy casi segura de que entra menos luz.

Pero ¿sabes? todos estamos bien. Te echamos de menos estoy segura de que en el último suspiro nos dejaste el espíritu de la familia que querías que fuésemos; y abuelo, sigo sin creer en el cielo, pero mataría por que existiera un sólo segundo y tú pudieras vernos sonreír como sonreímos cada vez que estamos juntos.

Que si pierdo la fe un día de estos, es sólo porque una vez la tuve en ti cuando tú no la encontrabas.

Me gusta pensar que estás aquí y cuando me topo con la realidad de tu ausencia, sólo tengo que mirar a Mamá para volver a encontrarte.

Te quiero abuelo, no lo olvides si es que me escuchas, aunque sea bajito; que daría todo lo que tengo y más por ser yo hoy quien te recite poesía que aún no me aprendo por miedo a equivocarme y que, realmente me estés viendo.

 

por Mariana Yescas



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