Pienso en una imagen tuya, el peso de tus pensamientos y la profundidad de tu mirada. Esa sensación de culpabilidad que me haces sentir, al pasar toda mi vida lamentando tu ausencia, esperando sin paciencia y rogando tu existencia. Ese regaño tuyo por esperarte antes de tiempo, sin saber que estás por llegar. Creo que llegó primero tu carta y ya siento esa mirada enfurecida que me das.

Pretendo entenderte, pero no logro comprender el porqué, el porqué de tu enojo. La razón de tu mirada, esa inteligente aura que me haces sentir y que intimida mis sentidos, genera ternura donde las cicatrices formadas por falsas promesas me atormentan y que a su vez, me replicas por esos malos pasos que di en tu ausencia.

Sin importar lo que pase o lo que esto provoque, seguiré tropezando para preparar tu llegada… Y sin importar lo mucho que duela, siempre querré un abrazo tuyo. El dolor que me provoca tu ausencia me hará crecer y soñar, para que el día que llegues, pueda saber lo que se siente que las heridas curen más rápido de lo que se generan otras.

Esperaré… Esa imagen perfecta tuya, se vuelve cada día más real…

 

por Diego Ramírez



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