Yo dije adiós.

Y hoy me arrepiento.

Te dejé ir. Lo sé. Tonta de mí. Pero nunca volviste, ni siquiera lo intentaste.

Sentía que nuestra relación estaba en un punto en el que no querías seguir. No estabas conmigo, casi no te veía. Estabas tan distante, tan ausente… Que lo creí, querías irte. Y te dejé ir. Y te fuiste. Rompí con todo porque en ese momento creí que era lo que querías, lo que esperabas. Te dejé libre. Pero al hacerlo, me aprisioné en tu recuerdo y a pesar del año que ya pasó, no te puedo olvidar.

¿Me equivoqué? ¿Debí luchar más? ¿Tener más paciencia? No lo sé.

Y ahí estás aún. Te apareces a veces y así como llegas te vas. ¿Qué quieres ahora? ¿Nada? ¿Amistad? Entonces vete de una vez, por favor. Porque lo que lo que yo quiero de ti no es simple amistad.

Hoy me pregunto: ¿me amaste en algún momento? ¿Sentiste algo por mí? A veces creo que no. Si hubieras sentido algo más que simple amistad, hubieras luchado por mí. De la manera que fuera. Y aquí estoy, y hoy siento que soy la única que ha luchado por ti. Entonces, ¿fue buena o mala mi decisión?

¿Debo dejar que te vayas de una vez? No quiero sonar exigente, pero, ¿qué has hecho tú por mí?

Te fuiste.

Me dejaste.

No luchaste.

¡Haz algo por mí! ¡Convénceme de que vale la pena esperar y seguir luchando por ti!

 

por MaryCarmen



     Compartir         Compartir