Pensé que te necesitaba para poder vivir, pensé que mi mirada estaba perdida si no te tenía frente a mí. Llegué a sentirme tan lleno de nada y tan ausente de todo, pero descubrí que realmente no me amabas, que no te importaba siquiera un poco, que mis labios te hacían sentir nada y que mi corazón era sólo un músculo más.

Me sentí tan vacío a pesar que no tenía nada… Porque nunca te tuve, nunca fuiste mía y aunque de mí todo te entregué, realmente tampoco yo te amé.

Me sentía perdido y estaba solo, sentado en ese bosque, tratando de encontrarme conmigo mismo y de la nada apareciste tú; miré tus ojos que hechizaron a mi corazón y como un esclavo te seguí, te dediqué mis mejores momentos, mis mas gratos sueños; y aunque no era a mí a quien buscabas en aquel momento, te abriste y los dos nos quisimos sin querernos…

Hoy estoy aquí, diciéndome que jamás te quise, ¡pero cuánto te amé!

 

por Ricardo Goga



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