Viendo llover sobre Alan.

Sólo en ese lugar puedo verte como nadie más lo hace, como ni tú mismo puedes,

porque ahí dejas de ser un aparador para convertirte en Alan;

en un hombre sin estropajos que corrompan sus labios

simplemente eres tú, sin la necesidad de aparentar u ocultar nada.

Te defiendes y te quejas, dices lo que callas cuando puedes hablar.

Te leo desesperada, atenta y discreta ante semejante lucha de letras,

observo cómo te conviertes en humano, cómo dejas de ser tú, para ser, nada más.

Caminas con aires de grandeza,

 pero ahí eres un ángel flotando entre la niebla,

entre los escombros que dejan tus días pálidos,

entre la basura que amas cuando estás en tierra.

Tus sentimientos cada vez son más confusos, quieres y no quieres,

amas y no amas, te despista cualquier hora que te sepa diferente.

No se precisa cómo amas y cómo esperas que te amen, lo que sí, es que,

a pesar de toda la compañía que puedes obtener, la soledad es tu más fiel pareja,

tu consuelo cuando algo sale mal y al mismo tiempo lo que más odias.

Tienes mucho para dar, pero hasta hoy te has alimentado de cuanto momento llega sin pensar en lo duradero,

sólo tomas y dejas ir, así sobrevives en este mundo donde cada vez existe menos tu moral.

Creaste un espacio para deleite de tus dedos

donde plasmas tu más sincero pensar, sin importar quién lo lea, sólo es para ti,

donde desahogas tus penas, donde te quejas y lloras sin tener que secar lágrimas y pasar por discusiones,

en ese lugar puedes ser más libre de lo que eres y eso es lo que adoras, tu libertad.

Eres hombre que busca algo diferente,

y entre aromas y aromas te dejas perder,

entonces buscas regresar y continúas probando,

así sigues hasta perderte de nuevo.

76

Llevas seis meses donde la soledad brinda contigo al llegar del trabajo,

donde los amigos ya no caben, donde el tiempo ya no es suficiente.

Pero eso no te impide llenar tu cama de aromas,

aromas distintos donde tu olfato ya se pierde, ya no distingue;

tu cama se ha convertido en hostal, donde lo mismo da un buen cuerpo, que la nada.

Te revuelcas llenando de sudor tus cobijas, disfrutas de esos besos, de esos brazos

de esas piernas elásticas y de esos vientres enfurecidos que entre un vaivén,

se vuelven tu instante y te llenan de placer, que hace que olvides que mañana volverás a estar solo.

Pero por ese momento los sabores, el aliento y malabarismo saben mejor que pensar

en el mañana que te despertará a la realidad que pretendes dejar.

 

Vuelves después de transitar la ciudad a tu cuarto seco,

lleno de magia colorida, te recuestas en tu cama fría.

Y ahora, ¿a quién extrañas Alan?

 

por Elena Serna



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