Hoy no tengo a quién contarle cómo me fue en mi día, no tengo quién me regale un abrazo cuando me siento triste, ya no recibo mensajes de “buenos días”, y tampoco un “descansa, linda noche amor”. Hoy ya no estás conmigo y en parte ha sido porque así lo he querido.

Dicen que una pareja debería separarse cuando ya no hay amor, no cuando se estén amando más. Pero nuestra historia nunca ha sido igual a las demás, desde un principio lo supimos.

Te di todo el amor que tuve en mis manos y en mi corazón. Fui detallista, me preocupé por ti, te procuré, te respeté, mis ojos no tenían otra dirección que no fuera tu mirada. Te entregué mi alma y mi cuerpo, pero sobre todo, te entregué mi presente y mi futuro entero. Toda una vida a tu lado era lo que yo más anhelaba. Y aun así, nunca fue suficiente para ti.

No pude ser esa mujer que deseabas, tengo un carácter fuerte, lo reconozco, pero ante ti siempre me doblaba, eras tú mi mayor debilidad, mi talón de Aquiles. Durante todo ese tiempo jamás fui capaz de lastimarte… Hasta hoy.

Nunca confiaste en mí en su totalidad, nunca creíste en mis palabras ni en mis hechos, siempre buscabas ese “negrito en el arroz” para dudar de algo por pequeño que fuera. No dudo que me amaras, nunca lo dudé, pues me lo demostrabas con cada acto. Pero las palabras que me regalabas cada que peleábamos, fueron lo que poco a poco destrozó mi corazón.

Miles de veces te dije que me lastimabas, que cuidaras cada palabra con la que me recriminabas alguna acción. Muchas veces te dije que lastimando no era la forma de enseñar, y terminando herida no era mi forma de aprender. Mil veces te lo dije y mil veces lo ignoraste.

Aprendí a leerte entre líneas, a descifrar lo que intentabas darme a entender con esas crueles palabras: Yo no era de fiar, yo siempre escondía algo, te mentía, te engañaba con alguien más. Esos fueron tus pensamientos cada día acerca de mí y lo peor es que yo lo sabía perfectamente, pero en el fondo habitaba la esperanza en mí de que un día lograría cambiar ese pensamiento, y al fin confiarías por completo.

Lamentablemente nunca pude hacerlo.

Por eso hoy te dejo libre, porque aunque a ambos nos duele, sé que es lo mejor. Hoy se terminan nuestros dolores de cabeza, nuestras dudas, las lágrimas por tantas peleas, tu desconfianza y, lamentablemente, hoy también entierro a esa chica dulce que un día todo te dio, deshago mis sueños a futuro contigo, rompo esos planes tan maravillosos que teníamos. Hoy doy fin a ésta historia que tantas alegrías me dio, que me hizo aprender mucho, pero que desafortunadamente sólo se quedó en un capítulo más de nuestras vidas, uno muy especial.

No me voy porque no te ame, sino porque sé que no puedo hacerte feliz.

Y aunque esta despedida nos duele a los dos, sé que un día volveremos a sonreír y que cuando eso pase estaré contenta, pues me daré cuenta que no me equivoqué y que eres feliz sin mí.

 

por Brenda Cruz



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