Súbita y espontánea explosión de rabia.

En mis ojos empezó a llover por días devastando a la población, que creía en ti como su salvador. Mi cuerpo no aguantó tanto.

Seguido de un temblor que dejó miles de muertos, incomunicando el corazón con la boca para pedir ayuda,
Sus ciudades se redujeron a escombros, los pájaros volaron hacia las manos.
Hiede a muerte; pequeñas personas, pobres personas, a veces siento lástima, otras sólo alivio.

Es de noche, me relajo y todos duermen, excepto una pequeña mujer, ella se sienta en mi oído, me platica a detalle lo que se necesita para salvar la tierra en la que viven, con la esperanza de cultivar flores y salvar los pulmones, pero llega el momento en que tiene que irse. Se asoma, se agarra fuerte de donde puede me besa entre la patilla y la oreja, me pide perdón sollozando, perdón por no poder besar mi mejilla o incluso mi boca. Su andar es lento en un camino sin mapas, yo acerco mis manos a las orejas para que ella escuche el sonido de los pájaros.

Todos duermen y yo lentamente me pierdo entre los escombros…

La secuencia para revolver mi café con leche después de ponerle azúcar es la siguiente: seis vueltas en sentido de las agujas del reloj, seis en sentido contrario; otras tres en sentido del reloj y tres en sentido contrario; terminando con una vuelta para un lado y viceversa. Saco la cuchara, le doy dos golpecitos en el borde de la taza y nunca jamás, por ningún motivo, la chupo.

Una mañana en la que la comida no me sabe a nada, se podría decir que yo nunca tengo hambre, un cigarrillo me hace un bien que no comprendo, me genera una somnolencia, que me relaja, tal vez para seguir escribiendo. (Algo casi imposible con la energía que me da al desayunar).

Nunca he querido dudar de mi inteligencia, los maestros dicen que soy un tonto o por lo menos que el estudio no es para mí, pero aun así me gusta asistir y mirarles las piernas a mis compañeras.
Ya que sus ojos siempre son normalmente lindos, mi amor empieza por los ojos y acaba en esas adorables piernas, los demás sólo las ven pasar, yo les hago poemas o al menos me conformo con sus besos.

Tengo que salir de casa muy temprano, ya que la hora de entrada es a las 7 am, es algo que no me molesta, así puedo pasearme por los parques y de todos modos llegar tarde a la escuela, se podría decir, que siempre me invento nuevos caminos para llegar…
Una vez el tiempo se me fue, le di la vuelta a la ciudad por los principales bulevares, para cuando me di cuenta las clases ya habían acabado, y por supuesto que me regresé por el mismo camino, sólo para poder echar un vistazo de nuevo a las librerías de la zona; tomar prestados algunos libros, (nunca me han sorprendido tomándolos aunque el viejo que atiende siempre me mira fijamente, hasta que se aburre, y regresa la mirada a su libro en turno, ¡claro!, yo tengo una naturalidad para aburrir a la gente, casi nata, en eso yo meto los libros a la mochila, pago uno y me llevo cinco).

Hay días en los que sí asisto a clases, cuando toca la asignatura de literatura, (lunes, miércoles, y viernes), pero antes tengo que pasar por clases aburridas como matemáticas, o química.
En plena clase de química me da por gritar alguna blasfemia, discutiendo con Luis acerca de la existencia de Dios. Los dos somos ateos, pero por alguna extraña razón en las clases de química somos hasta catadores de vinos de consagrar.

– ¡Julian hazme favor de salir!

Un silencio de mis compañeros, acompañado por unas miradas acusadoras y burlonas, en esos instantes mi interpretación de las cosas dice:
– ¡Julian! se ve que te aburre esta clase, hazme el favor de salir a leer y fumar un cigarrillo…
Hasta me imagino una sonrisa en la cara de la maestra (cosa que no es humanamente posible), seguido de otras cuatro clases donde me paso rayando las butacas con poemas u obscenidades, que casi siempre me salen igual de hermosas.

Descolorido roza tabaco, de mañana sabor a ella,
señales de huida, no hay nada más que una muerte segura,
¿dónde estará?, tal vez hoy no venga, tengo pánico,
espero no haberla vomitado con el ultimo cigarrillo.

*¡RING RING RING!*

Por fin es la hora de la salida, me levanto orgulloso , tomando la mochila en las manos…
– Levantaos hermanos la guerra ha terminado, salir de sus trincheras y quemar las libretas.
(esas palabras serían inspiradoras si no fuera lunes, si las hubiera dicho y si a las personas les importara lo que digo).

Caminando voy arrancando flores, arranco muchas, de todos colores, de diferentes tipos, después me siento a separarlas por color, por número de pétalos, por tamaños, pero nunca coinciden, son desiguales.
Me termino desesperando y las tiro todas, pero no puedo verlas en el suelo eso me hace querer llorar, las vuelvo a tomar y empiezo a hacer un gran hoyo en el suelo, las entierro, sólo así mi culpa desaparece.

Ojalá fuera igual con las estrellas, las cuento muchas veces, una por una, hasta que pierdo la cuenta, y ahí mismo entro en un ataque de ansiedad, mi llanto es inevitable, sólo tengo que esperar a que amanezca para que la culpa de las estrellas no contadas se vaya

Más bien porque siempre he querido saber qué se siente tocar el contorno de una estrella… Me la paso jugando con mis dedos paseándolos por todos lados, intentando averiguar qué es lo que más se asemeja, una y otra vez, la gente me mira, preguntándose qué hago recorriendo minuciosamente las paredes, banquetas, y ventanas; siempre me detengo llegando al pasto, ahí recorro las hojas de mis libros, hasta que la textura del árbol me atrae más; las flores se tornan igual de interesantes, sigo caminando hasta encontrar a Rocio del otro lado de la tierra, donde la forma del otro árbol me llama,pero ella ya está ahí, así que decido acercarme y convencerla de que me deje sentir sus manos, que definitivamente:

Se parecen a una estrella… ¡Que definitivamente se asemejan a un cielo infinito de estrellas!

 

por Julian Romo



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