No sé dónde comienza la historia y dónde termina. Cientos de años anteceden este momento. Los tiempos cambian. El mundo cambia y yo en esencia, en cuerpo y espíritu, sigo siendo la misma.

Cientos de años después estoy aquí escondida, ente sombras, entre la gente tratando de pasar inadvertida. Sobreviviendo y seduciendo extraños con el único y egoísta fin de saciar esta sed. Mi sed de venganza, mi sed de… Sangre.

¿Que si soy un vampiro?: Sí… lo soy.

Entre todos mis años en este terrenal mundo, he cazado a un sin fin de presas y de todas ellas, resultaste ser el más vivaz y sereno. Ello no significa que no piense matarte, después de todo no significas más que un bocadillo para mí. Y ha sido tu falta de miedo lo que aún te mantiene con vida. Suspicaz y, lo he dicho; sereno. Eres un mortal atractivo y fuerte, a momentos pienso que podría mantenerte como una “mascota” y de vez en cuando saciar mi sed contigo. Mientras estás ahí atado, y no porque tema que huyas, sino por pereza; ante tu insistencia y tu curiosidad que me ha doblegado contestaré tus preguntas. Morirás con respuesta que no servirán de nada al mundo que vayas. Cielo o infierno, da igual.

– ¿Cómo empezó?

– A decir verdad no lo sé. Poco recuerdo de aquél instante y de quien me creó. Caminaba rumbo a casa en una tarde lluviosa en las tierras de mi padre. Un poderoso Lord en la Francia del siglo XV. Sentí una fuerza tremenda sujetando ni hombro que me hizo volar por los aires. Un hombre blanco con ojos de diablo y colmillos afilados y largos.  Un vampiro. Pensé que moriría. De hecho lo hice. Para despertar a este mundo etéreo y eterno. Hasta hoy no comprendo por qué me dejó a esta vida o muerte. No sé que es. Sin embargo sé, que en algún momento lo volveré a encontrar en mi camino.

-¿Cuál es tu edad?

-Han pasado siglos… siglo XV… siglo XXI…

-La edad que tenías cuando te convirtieron.

-20 años.

– ¿Qué fue de tu padre… tu madre?

– Desaparecí de su mundo. Escondí mi existencia de la suya. De cualquier modo jamás aceptaría un “demonio”.

– ¿ Te buscaron?

– Por algún tiempo. Considerando las muertes “misteriosas”, me convertí en una más, un cuerpo que jamás encontraron. Perdiendo la fe de encontrarme, es mejor considerarme muerta. Escondida en lúgubres refugios sucios y asquerosos. Pasando desapercibida. Estuve cerca de ellos y… los vi morir. Ser un vampiro resulta excitante para ti. La eternidad puede sonar deliciosa. Hasta que siglo tras siglo te das cuenta que, no importa dónde estés o con quién; al final estarás siempre solo, vagando como lo que soy, una hija de Caín.

– ¿Dejaste de esconderte?

– Si. Cuando mis padres murieron. Soy un ser fantástico  que tiene inimaginable poder. No podía yacer escondida cual mendigo. Mi poder me ha hecho respetable. Mi careta de humana y mi irresistible y sobria belleza me han dado ilimitados privilegios…

– ¿Y a todos los has matado?

– Todos los mortales son corruptibles. Soy como cualquier bestia o animal. Tomo lo que necesito y el resto es historia. Ellos eran simples y vacíos mortales. Tú en cambio eres soberbio. No temes morir.

-No puedo perder nada

-¡Porque no tienes nada! Estás completamente solo.¡Tú buscas la muerte!

– O tal vez la eternidad. Ver a través de los ojos de un vampiro…

– ¿Y matar como un vampiro para saciar tus mortales instintos psicópatas sin culpa? …. Ver a través de mis ojos es ver el infierno y el paraíso. Es percibir sensaciones indescriptibles y tus sentidos abiertos cual animal de caza. La fuerza superior…

– Y ser vulnerable al sol, a la plata…

-Al crucifijo y a la estaca. Un lamentable hecho real.  Somos malditos y desterrados por aquel que desterró a Caín. Matamos la creación de un Dios cuyos ojos nos miran con asco. Enviados del mal. Ángeles caídos.

– Pero son poderosos. ¿Por qué esconderse del mundo?

-Ustedes son humanos. Son máquinas de destrucción. Basta ver su entorno. Ustedes se irán pero nosotros estaremos. Permanecemos pacientes y cautelosos nuestro momento de mostrarnos al mundo para cambiar su flujo en la historia. Vivimos atentos al mundo cambiante. De algún modo hemos guiado su camino para dirigirlo a donde queremos.

-¿A dónde?

– A la credulidad. Ustedes dejaron de aceptar hasta la creencia de un Dios. Cuanto más a nosotros los seres de inframundo. Hay un Apocalipsis el cual tampoco han creído. Pero vivimos más cerca de ustedes de lo que podrías llegar a creer. Nunca sabes si la gente alrededor tuyo en el bar es un simple humano o algún demonio. Ustedes no creen en nosotros pero nosotros estamos y somos.

– ¿Quieren destruir la humanidad?

-No necesitamos hacer lo que como ya he dicho, ustedes ya están haciendo.  Simplemente nos hemos sentado a ver como el “milagro de Dios” se destruye a sí  mismo. Son humanos y para mi representas una simple presa.

-Quiero ser como tú. Hazme lo que tú eres. ¡ Te acompañare eternamente!

– La eternidad es mucho tiempo.

– Y no la llevarás sola.

57

– Sola he muerto y muerta he vivido. ¡Vamos humano! No aprecias el aire en tus pulmones y el salado sabor  de una lágrima que en mi rostro no ha vuelto a rodar.

– ¡Quiero ser un vampiro!

– ¿Quieres ser un vampiro?

Y tu cuerpo se tensa al sentir mis colmillos clavados en tu cuello. Con tus músculos contraídos en tu cuerpo varonil y fuerte. Te resistes a la muerte como a la misma eternidad. Pruebo el sutil sabor a hierro de tu sangre y la siento pasar por mi garganta como seda. Tú me gustas. Amo tu frágil humanidad. Escucho el lento latir de tu corazón. Y… me detengo.

– No voy a matarte hombre. Tu humanidad me gusta y atrae mi curiosidad. Voy a dejarte vivir pero no te daré la eternidad. Serás mi conexión a este mundo bizarro. Se que estás débil y casi inmóvil. Voy a dejarte  y anunciaré tu ubicación. Vendrán a ayudarte y sanarán tu cuerpo. Aunque tu alma y tu mente ya estén en mí, enfermas de mí.

No cierres la ventana que volveré a buscarte. No cierres la ventana que volveré a beberte. No cierres la ventana que tal vez algún día, seas mi oscuro amante.

¿Que si soy un vampiro? Sí. Y volveré por ti una noche.

¿Estás listo para darme tu sagrada sangre?

Entonces no cierres la ventana. Dale la bienvenida a la noche. ¡A mi Vampiro!

 

por Edith Neri

 



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