Hace ya algún tiempo que no sé de usted. (De usted, porque la confianza se ha roto) Aunque a veces camino en la cuerda que divide mi curiosidad de saber qué de usted ha sido y mi necesidad imperiosa de mandarlo al carajo. Normalmente gana mi orgullo y mi ego, que mis ganas de volver a la tragedia romántica que viví con usted y es por ello que silencio la boca de aquellos que queriendo o no inquietan mi alma.

Ahora que estoy en armonía con mi corazón en mi mente, ahora que ha dejado de doler, que ha dejado de importar, ahora que ya no es más que un mal recuerdo. Escribo estas líneas con dedicatoria intrínseca. Escribo estas líneas porque aunque yo ya no sé nada de usted, usted algún día; ha de saber de mí.

Y el día que vuelva a verme tendrá dos opciones, la primera es pasar de largo y huir de la misma y cobarde forma en que se marchó. Desaparecer entre el gentío o entre la multitud de ilusiones rotas. Desaparecer en la negrura de la noche o la claridad del día. Pero esconderse y huir, agachando la cabeza tal cual se largó. Sin ninguna palabra, sin ningún perdón. Dos extraños tal cual.

La otra opción es pararse frente a mí y pedir unos minutos para dar explicaciones tardías y sin importancia que alivianen su conciencia podrida o por lo menos,  justificar porque es un patán y tratar de no parecerlo. Podrá pararse para decirme cuanto lo siente y que la decisión de dejarme fue para no hacerme daño y tratar de protegerme, lo cual obviamente puede desatar al diablo que desde que usted llegó a mi vida: llegó con usted y lo que acontecerá en aquel encuentro no le va a gustar.

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Si lee esta carta a tiempo ojalá tome la primera opción. Yo le confieso desde que usted se ha ido, ya no soy la mujercita que usted dejo. Con su actitud logró su propósito de largarse de mí, pero  a la par; usted hizo de mi una mujer dura y fría, y no lo niego. No temo prejuicios, no me conocen por positiva pero usted llenó de piedras el saco y al menos yo, ya no creo en el amor de ensueño. Yo, en el amor honesto y valiente, yo… ya no creo.

No creo en felicidades eternas ni en cuentos de hadas. Tantos hombres como usted hay, que es difícil encontrar uno que no lo sea. Qué digo difícil… ¡Imposible! ¿ Y sabe por qué?

¡Es que como a usted yo no quise a nadie!

Siempre supe y presentí que el amor de mi vida tendría ojos verdes. Siempre supe que sería como usted. Siempre supe que en sus brazos conocería la dicha y siempre estuve consciente del dolor que me causaría.

¡Siempre supe que tendría ojos verdes como los suyos! ¡Son sus ojos verdes! El amor de mi vida es usted y siempre lo supe. Desafortunadamente, lo que yo nunca supe; es que el amor de la vida, no siempre morirá con uno. El amor de la vida no siempre estará al lado de uno. Y es que puede que usted sea el amor de mi vida, pero yo no fui el de la suya.

Ojalá lea estas líneas antes de que vuelva a encontrarme y tome la primera opción. Entre lo que usted me ha dejado no se encuentra el perdón.

Que es de sabios y santos perdonar,  pues yo no soy sabia, ni santa.

No lo voy a perdonar… ¡Jamás!

 

por Edith Neri



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