Estoy en casa de mis abuelos, escondido debajo de la cama, un tipo me siguió con su pistola y me quiere matar. Estoy temblando de miedo, mi abuelo ha sacado el rifle y sólo escucho unos disparos. ¡Estoy desarmado, y ahora qué hago!

¡Oh rayos, hirieron a mi abuela! Sólo escucho sus quejidos. ¡Mi cabeza va explotar!

Vienen a mi mente todos los recuerdos de cuando inicié en el negocio.

Tenía 14 años, mi madre trabajaba para mantenerme, pues mi padre no se hizo responsable cuando nací. Ella se casó de nuevo, ahora tengo un hermano, pero lo llevan a la guardería. Mis abuelos eran responsables de mí.

No recuerdo haber necesitado nada nunca, tenía buenos tenis, buena ropa, estaba por terminar la secundaria, todo tranquilo. Pero ahora creo que no fue lo material lo que me trajo hasta aquí.

Recuerdo cómo mi abuelo se quedaba dormido en el sillón con la televisión prendida, eso era diario. Mi abuela se la pasaba en el teléfono platicando con sus hermanas y sus amigas vendedoras de cosméticos. La mayor parte de mi tiempo, la pasaba escuchando música o al lado de los videojuegos, pero comencé aburrirme del encierro y a sentirme solo. Unos chicos en la esquina se juntaban diariamente. Los veía cada vez que me mandaban a la tienda y admiraba cómo reían y jugaban a las luchitas unos con otros. Parecía que la pasaban bien.

Un día, uno de ellos se me acercó y comencé hacer amigos. Al inicio a mi abuela no le parecía que fueran a buscarme, pero después se acostumbró. Ella tenía vueltas que dar para visitar a sus clientas de cosméticos, así que era sencillo darme permiso de estar con mis nuevos amigos.

Al largo de los meses comencé a desbalagarme un poco. Realmente me la pasaba bien. Dábamos la vuelta a otras colonias para pelear con otras bandas y demostrar quiénes eran los jefes. Agarrábamos piedras, palos o a puño limpio pero siempre las otras bandas terminaban huyendo.

Leonardo, un chico mayor que nosotros, lleno de tatuajes y el más picudo de la banda, se drogaba y el comenzó a revelarnos el negocio. El bato tenía buen carro, organizaba fiestas cada fin de semana y con sus jefes pues no había bronca, pues su papá se dedicaba a la obra y su jefa hacía composturas de ropa, así que era un buen apoyo para la familia.

El bato me incitó a vender en el parque. Ahí la raza me buscaba y comencé a sacar buena lana. Mi abuela me la hacía de bronca porque descuidé la secundaria pero la aplacaba, no tenía la suficiente autoridad, ella no era mi madre. La jefa y mi padrastro siempre ocupados trabajando para darle un mayor bienestar a mi hermanito. Mi abuelo nunca se metía, me quiso tanto el bato que siempre me dio la razón. Él decía que estaba creciendo y que ninguno escarmienta en cabeza ajena. Decía que cuando él estaba joven, también se agarraba a golpes con otros batos, pero que cuando se caso se hizo un hombre de bien y que con el tiempo pues iba a madurar.

Pasaron 2 años y comencé a ganarme el respeto de la banda, por tanto me ascendieron como distribuidor en los changarros. Leonardo decía que los azules (policía) no sospecharían de un batito de 16 años. Así que yo llegaba y a punta de pistola los amenazaba para que vendieran la droga en las tienditas de la esquina. Nunca estuve solo. Mis camaradas siempre me acompañaban. Pero eso sí, para la hora en que llegaba mi jefa del trabajo pues me lanzaba para la casa de los abuelos esperándola haciendo como que no pasaba nada.

A los 18 le pedí a la jefa irme a vivir con la abuela. Mi mama aceptó pues dijo que era un batallar estarme llevando por las mañanas porque a causa de eso, siempre se le hacía tarde para el trabajo.

Con el tiempo pues me fui revelando más y mi madre ya no pudo detenerme. Hubo varias broncas en la familia pero nada que pudiera hacerme cambiar. Al contrario. Siempre le reclame a mi jefa que nunca tuvo tiempo para mí y que a mis 18 era obvio que no me iba a controlar. Mi madre no tenía ni idea de lo que yo hacía. La abuela se daba una idea pero se hacía de la vista gorda, siempre le marcaba a mi madre para quejarse, parecía disco rayado. Decía… -¡Ven por él, yo ya crié a mis hijos ya no quiero batallar!- Tal parece que a todos les estorbaba, por eso la vida en las calles era mil veces mejor que escuchar a la vieja quejarse.

3

Ganaba bien, un día me compré una moto, luego un carro y de ahí en adelante no hubo quien me detuviera. Si hubieron amenazas de los contras, pero los mandaba tronar con unos batos que por unos cuantos pesos y mercancía para consumir daban la vida para protegerme y pues ahí paraba la cosa.

Mandé matar varios no lo voy a negar. Pero nunca me ensucié las manos. Cuando cumplí 20, festejamos en un table dance, ahí nos amaneció a mí y a toda la clica. El ambiente estaba chido, conocí nueva banda que se me asociaron. Las morras que bailaban en el tubo comenzaron a buscarme y pues de ahí me amarré a una y esa me ayudaba a repartirla.

El negocio fue creciendo, pero también comencé a consumirla. Había días que se me iban emborrachándome y me la curaba con un perico. La pachanga la empezaba un viernes y hasta el domingo con las morras. Siempre me sobraba raza para seguir la borrachera.

Un día me quedé tirado en la casa del Leonardo. Para mí que me puso un cuatro porque se perdió la mercancía que había en su departamento. Me despertó con un patadon en el vientre y pues yo no sabía lo que estaba pasando.

Cuando me levanté para defenderme, el bato gritaba como loco que donde estaba la mercancía. Las viejas que me acompañaban ya no estaban así que supuse esas me habían traicionado. Le pedí tiempo para conseguirle la lana, pero de esta no me escapé. Estoy debajo de la cama de la abuela y el bato me encontró. Me está apuntando con el arma. ¡Estoy desarmado, y ahora que hago!

¡Mi cabeza va explotar! Estoy sangrando. ¿Por qué veo como convulsiono? He bajado las escaleras y mi abuelo está muerto.

Mi abuela esta herida con el teléfono a la mano y se escuchan los gritos de mi madre por la bocina.

¡He fallecido! Ya no estoy solo, la muerte me adoptó…

Las respuestas a todos los asuntos de nuestra vida se encuentran en la biblia, basta abrirla para darse cuenta cómo Dios nos guía.

Hijos: El necio rechaza la disciplina de su padre, mas el que acepta la reprensión es prudente.Proverbios 15:5

Al que maldice a su padre o a su madre, se le apagará su lámpara en medio de las tinieblas. Proverbios 20:20

Padres: Enseña al niño el camino en que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él.Proverbios 22:6 Y vosotros padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos; sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor. Efesios 6:4

 

por Perla Batiz



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