Pensaba en ella todas las noches antes de dormir. Esa noche comenzaría un sueño, un sueño con los ojos abiertos, mirando el techo de mi habitación.

Estaba a mi lado, mirando en la misma dirección mientras susurraba mi hombre… Después, cuando giré y posé mi mirada hacia ella, ella ya estaba observándome, me observó de la cabeza a los pies, recorriendo cada parte de mi cuerpo… Cerré mis ojos; sabía que esa noche todo pasaría… Apenas los cerré y sentí la humedad de sus labios sobre los míos. Ella me besaba con delicadeza y comenzaban mis latidos mas rápidos; sentía que mi sangre ardía y comenzaba a recorrer todo mi cuerpo…

Sentí su mano sobre mi abdomen y parecía que sus dedos ya sabían dónde tocar, lo hacia muy suavemente… Tocaba desde mi ombligo a mis pechos… Abrí los ojos y sus labios comenzaron a bajar por mi cuello haciendo que se escaparan algunos suspiros ahogados de mi garganta. Ella estaba sobre mí, comenzaba a besarme ansiosa por quitarme la ropa… Ahí supe que quería que yo estuviera dentro, que fueran mis manos quienes acabaran con el frío de la noche y quienes comenzaran con el pecado de tenernos; de ser amantes de la noche y de nuestros cuerpos entre las sábanas….

La tocaba, haciendo que cada parte de su cuerpo fuera un tesoro que estaba descubriendo… Era poseedor de su cuerpo. Ya era dueño de un alma que me retaba cada vez que me miraba…

Bajé hasta sus piernas y estuve cerca, más y cada vez más… Estuve ahí.

 

por Tania Gutiérrez



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