Un día, en un abrir y cerrar de ojos tú ya no estabas, te habías marchado para comenzar  un viaje que no tenía boleto de regreso, un viaje en el cual la vida sobre esta tierra… Había desaparecido.

En ocasiones suelo recordar las sonrisas, esas sonrisas que me enseñaron a ser fuerte para salir y demostrarle a las personas que me hacían daño, que yo estaba bien. Recuerdo tus ojitos abiertos observando a tu alrededor, observando como la vida pasaba frente a ti; cuando sostuve tus suaves manos que me acompañaban a todos lados, mi compañía perfecta…

Ahora ya no estás, te fuiste sin despedirte, sin decirme si nos volveríamos a encontrar… Sé que te encontraré. Nos veremos tal vez en un futuro cercano, tal vez en uno lejano y sé que cuando ese momento llegue tú me esperarás mientras yo cruzo el mismo camino, el mismo río para llegar a la gloria, una gloria que se vive mejor que en vida; ahí podré tenerte, te volveré a ver y nos iremos a escribir una nueva historia, una historia que tal vez en la tierra no sabrán, que no escucharán…

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Te recordaré siempre con lágrimas en los ojos, por favor no pienses que estoy triste, tu partida hizo más fuerte mi cuerpo, mi vida… Es sólo que te fuiste antes, sin previo aviso; de cualquier modo sé que sólo puedo imaginar tu sombra caminando junto a mí, acompañándome y abrazándome cuando viene la soledad, cuando se hace presente la ausencia de tu cuerpo y  de tu alma.

Espera, que no tardaremos en encontrarnos.

Iré a visitarte las fechas especiales, ahí en donde está tu delicado cuerpo… Te llevaré tal vez, todas las flores que no pude darte; cantaré y rezaré por tu descanso, sé que escucharas mi voz, aun cuando tu cuerpo esté bajo esos puños de tierra…

Eres quién, al menos en esta vida… No volveré a ver. Pero eres quien siempre vivirá dentro de mí, como un ser hermoso, como un ser que estando en vida, me dio la alegría para vivir UN DÍA MÁS.

 

por Tania Gutiérrez



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