Apaga la luz, párate ahí y quedemos totalmente a oscuras.

Iré hacia ti sin detenerme, sin dudarlo, iré con firmeza, estaremos ciegos por la oscuridad, pero sentirás mi mirada aunque no puedas verla.

Sabre dónde estás por tu respiración que poco a poco se hace más rápida, voy a llegar hasta donde estás guiándome por los latidos de tu corazón que pueden escucharse en toda la habitación. Estás nerviosa, puedo oler tu miedo y eso me encanta. Sabías que esto pasaría si tú y yo teníamos la oportunidad.

Sabrás que me acerco a ti en medio de la oscuridad y el silencio, escucharás mis pisadas cada vez más cerca, tal vez esperes que lo primero que sientas de mí sean mis manos tocando tus brazos desnudos, pero lo primero que sentirás será mi boca en tu nuca tibiamente diciendo: “Hoy eres mía…”

Tú no me responderás, pero tu piel hablará por ti, cuando un frío eléctrico recorra tu cuerpo y tus vellos se ericen.

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Esta noche voy a romper tus principios, esta noche vas a desear mi perversión en tus muslos corriendo lentamente, te voy a llevar de lo amargo a lo dulce, de lo alto a lo bajo, de tu alto ego a la sumisión, de lo  suave a lo rígido y viceversa.

Mis dedos ciegos exploraran tu cuerpo, haciendo un mapa de él, empezando por tus labios, tu cuello, tu pecho, tu abdomen, tus piernas y suavemente entre tus muslos bailaran al ritmo de tu respiración, hasta que sienta que el calor te derrite.

Cuando sienta que tu cuerpo me reclama, te tomaré con fuerza de tu cadera y nos haremos uno, sentirás mi palpitar dentro de ti y yo sentiré tu calor. Me moveré en sintonía con tu lujuria y tu deseo, tan profundo como tus fantasías conmigo; desearás que no termine nunca y si termina, que sea en ti…

Así que… ¿Qué esperas? ve a apagar la luz e iluminémonos con la llama del deseo; sólo ten cuidado de que el fuego no se convierta en incendio y no lo puedas controlar después.

 

por Ketzal Siegfried



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