¿Qué te hacía pensar que podías ser feliz con él? Si sabías a la perfección que en el no se podía confiar.

Siempre supiste que era de fácil corazón, que se enamoraba rápidamente y asimismo decía amar, cuando sabemos por experiencia propia que esa palabra conlleva muchas responsabilidad, como el cuidado del corazón ajeno y él no sabía lo que era un cargo de ese tamaño.

Siempre supiste que le gustaba halagar y más que lo halagaran que le hicieran sentir indispensable, deseado y sobretodo el hecho de saber que una mujer lo buscaba le acrecentaba el ego, el cual decía que no existía en su vocabulario, pero al parecer de eso se alimentaba.

Siempre supiste que esa afición por observar personas del sexo opuesto demostraba que nunca cambiaría y sobretodo se notaba por la desfachatez con que lo hacía sin disimulo alguno.

Siempre supiste que sus besos no sólo eran tuyos, que sus abrazos nunca te pertenecieron y sobretodo su amor no existió, nunca existió sólo fueron palabras al aire, palabras con una intención: lastimarte.

Siempre lo supiste y aun así te enamoraste, te entregaste sin límite, le pensabas de día y sobre todo de noche, te saboreabas sus besos, anhelabas sus caricias como anhela un ciego el poder ver o un sediento el agua para beber.

No te juzgo, te lo advertí muchas veces,  pero llegó un punto en que te vi perdida igual y por tu desolado corazón que sólo quería amor o realmente no lo sé.

Esperemos esto pase pronto, se te olvide y hagamos de cuenta que no existió, que lo soñaste, porque te lo dije: Después de todo lo vivido ¿qué te hace pensar que puedes encontrar la felicidad?,¿qué te hace pensar que puedes ser feliz aunque sea un poco? te lo dije absurda, siempre absurda…

Ahora paga las consecuencias de tus actos y aprende que sola siempre sola, así es como estarás.

 

por Judith Amarista



     Compartir         Compartir