“Eres mi ultimo pensamiento antes de dormir y el primero al despertar”.

“Veo a través de tus ojos”.

“Provocas la mejor de mis sonrisas”.

“Sin ti no sabría cómo seguir”.

“Eres lo que más amo en el mundo”.

“Desde que llegaste a mi vida… Supe lo que era amar”.

“Eres la persona más maravillosa que he conocido”.

“Gracias por existir”.

“Te amo”.

Uff y mil frases más que cada día una persona nos puede inspirar y decírselo.

Frases que a los inseguros les levanta el ego.

Frases que nos han enseñado a decirlas para expresar los más bellos y puros sentimientos.

Frases que hacen sentir a esa persona la más importante y amada en la faz de la tierra.

Frases que te inundan de emoción cuando oyes la respuesta que te dan ante tal demostración.

Pero anoche, al acostarme y ser él, el que estaba a punto de ser ese último pensamiento, ese ferviente deseo, me llegó un momento de luz y reflexión.

A qué hora volteo y viéndome en el espejo, con ternura y fe, ¿yo me digo alguna de esas frases?.

¿A qué hora del día pienso primero en mí y luego en alguien más?.

Porque para ser franca, cuando prendo el celular ya estoy pensando en  quien amo, en compartir imágenes y en saludar a todos.

¿Y yo?

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Me despierto y pienso en lo valioso que es abrir los ojos y saber que hoy es un día más que la vida te da para ser plena?

¿Para ser feliz conmigo misma?.

¿Para agradecer que estoy sana?.

Sí, a veces antes de todos mis rituales doy gracias a Dios por las bendiciones.

Pero, ¿a mí?

¿A mi ser?

¡No!

Y vaya que debería de hacerlo, gracias a mi cuerpo vivo, veo, oigo, escribo, escucho, huelo, palpo, siento… ¡Vivo!

Gracias a mis emociones soy capaz de manifestar un gran amor hacia los demás.

¿Y me abrazo antes de pedirle a alguien más “un abrazo de esos que reacomodan tus partes rotas”?.

Antes de ser para los demás, ¿soy para mí?.

Parte del plan del día, ¿éste tiene horarios en donde yo haga cosas para mí, sólo para mí?.

Cuando me peino, me maquillo y pongo perfume, ¿lo hago para enamorarme de mí?

¿Valoro lo que a mi alrededor hay?

¿Confío en mi fuerza interior?

¿Me programo para que nadie pueda dañarme?…

¿O es tan corto el tiempo y tantas cosas que hay que hacer, que todo lo hago en automático porque hay “que cumplir con los demás”?

Y así seguí cuestionándome cosas hasta que me quedé dormida.

Hasta que tuve el privilegio de soñar una noche más y dormir plácidamente entre sábanas limpias, un colchón cómodo y una bella habitación.

Hoy al levantarme, seguí pensando antes que otra cosa en mí, en lo valiosa que soy y en todas mis capacidades.

Y no es egolatría.

Es amor propio.

Es simplemente recordar o quizá apenas entender que antes que otra persona, yo soy primero, soy un ser de luz, soy una guerrera.

Y así será…

A partir de hoy, antes de amar a alguien más, me amaré con mucha intensidad.

Porque lo valgo.

Porque lo merezco.

Porque lo quiero.

Y daré todos los días de mi vida gracias por ser y por existir en este aquí y en este ahora que con los demás o sólo conmigo misma, es algo maravilloso.

Es hora de pensar antes que otra cosa que: ¡YO VOY A AMARME!

 

por Lau Saut



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