Mi nombre es Gelasio Piña, tengo 55 años de edad, estudié administración de empresas, pero hoy sólo trabajo de auxiliar, del auxiliar, del auxiliar, en una empresa dedicada a cosméticos. El sueldo no es mucho, al menos alcanza para comer, pero los compromisos y los gastos extras hacen que más tarde en recibir el salario que en desembolsarlo.

Hoy me enteré que un diputado local gana 115,000 pesos mensuales más todas las prestaciones, no se diga cuánto ganará un diputado federal, o el presidente de la cámara de diputados. Qué descaro si yo siempre los veo dormidos ¿por qué yo no puedo ser diputado? Hoy mismo meto mi solicitud.

Ya es domingo por la noche y no puedo conciliar el sueño, pues no dejo de pensar que yo, soy mucho mejor que todos esos políticos que a diario veo dormir en sus sillas.

Por la mañana del Lunes he despertado con la noticia que por fin han descubierto mis grandes cualidades y me han nombrado presidente de la cámara de diputados.

Mi esposa me zarandea para que me levante y vaya a trabajar ¡qué insolente no sabe quién soy! ella me va a escuchar.

– He decidido hoy no ir a trabajar, ¿que no sabes que me han nombrado presidente de la cámara de diputados? quiero comenzar de acuerdo con mi nombramiento, ¡me quedaré a dormir!

     Ella parecía no entender, ¡claro qué iba a saber ella de política! pone su cara de no saber nada y me toma de las manos con ternura; vaya, parece que comienza a entender.

Espero con ansias mi nombramiento oficial, ya pasaron 7 días y la espera me mata y me llena de angustia ¿qué pensaran mis colegas?, ¿que soy igual de flojos que ellos?

Por fin después de 15 días oigo toquidos en la puerta de mi casa deben de ser ellos. Aquellos que me llevarían a mi aposento presidencial.

Cuatro hombres vestidos de blanco entraron a mi alcoba ¡oh qué elegancia! de seguro se vistieron así para escoltarme.

Mi esposa me tomó de las manos y me pidió que los acompañara. ¡Mujer insolente! que recibir a mis colegas en esas fachas, no permitiría que ella ese día me acompañara y como que eso le dolió mucho, pues quedó llorando. Bueno, ella tiene la culpa por no ponerse decente para tal evento.

Los colegas me toman de los brazos y aunque yo lo creía innecesario, yo no era quien para quitarles la atención para que me escoltaran hasta mi camioneta, la cual me pareció un poco rara pues me acomodaron en la parte trasera, con un gran candado aseguraron mis ventanas pequeñas y enrejadas, bueno ¡todo sea por mi seguridad!

Llegamos a ese edificio, supongo era la cámara de diputados, pues yo no lo conocía, pero la verdad esperaba más elegancia. Ya adentro me encaminaron a mis aposentos, eso sí, mis escoltas muy atentos nunca me soltaron de los brazos. En el camino miré a varios colegas y nada raro, la mayoría dormidos o cabeceando, pero lo que más me llamó la atención fue la cabeza a rapa que mostraban todos. Bueno, tenían que ser solidarios con el alcalde del momento.

Mis escoltas me sientan por fin en mi silla, pero algo que no esperaba pasó, que rápidos sacaron esa pequeña máquina y comenzaron con rapar mi cabeza, no me gustó nada, pero tenía que ser solidario con mis colegas.

Cuando terminaron, todos los demás colegas se me quedaban mirando y entonces comprendí que esperaban que dijera mi primer discurso, así que me levanté y con voz fuerte para que no quedara duda de lo que decía pronuncié mi primer mandato.

-Los salarios de los trabajadores este año aumentara el 300 %, los horarios de trabajo, serán de 25 horas a la semana, el transporte público será gratuito para todos, la gasolina costará una cuarta parte de lo que cuesta hoy…

     Todos mis colegas me miraban estupefactos, mis palabras los había dejado congelados, sin habla, de seguro nunca antes un colega pronuncio tales propuestas. Ellos seguían callados así que aproveché y dije mi ultima iniciativa:

Todos los diputados y Senadores serán trabajadores honorarios y no cobrarán un peso por su trabajo.

     Todos me miraron unos segundos y soltaron en carcajadas, yo comprendí que estaban felices con mis comunicados, tanto que dos de ellos, que por cierto no fueron solidarios, casi me levantan en hombros y me llevaron a mi oficina.

Mi oficina era pequeña, de ventana diminuta con todo y baño, los muebles eran antiguos de acuerdo a una casona y una oficina como esta, se veía que mis colegas estaban en plena austeridad.

Ahora comprendo porqué mis colegas a diario duermen, pues estas literas es imposible dormir, pobres de ellos, pero ya llegué yo y les voy hacer traer sillones y camas de lujo.

Todavía a oscuras del siguiente día por la mañana, dos  hombres entran a mi aposento y ponen esa lámpara en pleno rostro, ¿no saben quién soy yo?. Ellos sin decir nada con tremendo chorro de agua fría que salía de esa manguera hicieron que brincara de la “comodidad” de estas tablas. Qué manera tan rara de bañar a su presidente, pero de seguro era la costumbre y yo no iba a venir a cambiarlas.

Después de darme tremenda mojada, me pusieron un chaleco blindado, qué incómodo, no podía ni mover los brazos ¿cómo iba a moverlos para dar mi discurso? se les pasó un poco en el ajuste. Me encaminaron a mi silla y dispuesto estaba a dar mi segundo día de mandatos, pero de pronto mis escoltas pusieron un casco en mi cabeza rapada, ¡qué cosas todo sea por mi seguridad!. Pero parece que de nada sirvió tanta medida preventiva, pues de pronto sentí esa descarga eléctrica que de seguro sería de algún grupo terrorista.

Cuando desperté estaba en mis aposentos, al parecer mis colegas me habían salvado.

A la mañana siguiente llegaron nuevamente mis escoltas y con chorro de agua me levantaron y siguieron el mismo procedimiento de seguridad. Pero volvió a fallar, esas descargas eléctricas del grupo terrorista siempre cumplían con su cometido, causarme daño.

Y así fue durante los siguientes 30 días ¡oh Dios mío ya no aguanto más! Ahora comprendo a mis colegas diputados lo que sufren, pero yo no estoy dispuesto a más; además no me han llegado mis 150,000 pesos de mi salario, no me han dado mi celular con saldo sin límite, no me han llevado con mi estilista ni mis gastos para comidas y no me han permitido salir de viaje con gastos pagados.

Tomo la decisión, me acerco a la diminuta ventana de mi aposento y pego un grito: RENUNCIO ya no quiero ser Diputado YO SÓLO QUERÍA QUE EN MÉXICO TODOS FUÉRAMOS IGUALES.

Se escucharon carcajadas y una voz me contestó:

Sí señor presidente, mañana lo llevamos a su hotel presidencial.

     Por fin se dan cuenta con quien trataban y si no fuera así, mataría a más de alguno, Pues me acabo de acordar que tengo FUERO, que es lo mismo que una licencia para delinquir y aunque no me quiero parecer a mis colegas, pues político soy y a mi fuero me atengo.

Ya pasaron más de 9 meses y hoy veo qué dolorosa es la política y comprendo porqué ganan tanto, pero yo sólo quiero decir: YA NO QUIERO SER DIPUTADO.

¡Por cierto! para el siguiente periodo, mejor meto mi solicitud para presidente de México.

¿Cómo no se me ocurrió antes? 

 

por German Gonzalez



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