”Y de repente volteó mi corazón, te miré y el tiempo se quedó sin tiempo y yo sin palabras; mi respiración se congeló al igual que mis sentimientos, todos y cada uno de ellos dejando sólo espacio para uno que nació ese día.

Recuerdo que estaba encerrado en mi habitación, tenía sólo a mi mejor amiga junto a mí, que en aquel entonces era una Alaska con Windows 97 creo. Y parecía cosa del destino, porque todo tuvo sentido, desde que mi madre abrió la puerta de mi cuarto y dejó que una corriente de aire entrara y así se moviesen las cortinas azules de mi ventana…


Te vi y en ese momento fue cuando ya nada tuvo sentido, cuando mis sentidos se perdieron en un sinfín de emociones y nació entonces el amor a primera vista; ya me habían contado sobre él, pero nunca creí en lo mágico que era hasta ese día en el que te conocí y me enamore de tu figura, de tus ojos cafés y tu pálida mirada. 

Recuerdo bien que llevabas puesta una blusa morada y quizá de allí es que es de mis colores favoritos. 

Siempre me preguntaste qué vi en ti para enamorarme de la forma en que lo hice, no sabía describirlo, pero ahora lo sé; fue tu mirada, ese vacío que había en tus ojos, ese vacío que salía de tu alma y me decía mucho sin decir nada. Y sabes, yo conocía bien ese vacío, porque era similar al que miraba siempre en mis ojos cuando llorando sólo en el baño miraba en mí. 


Te vi y entendí que te necesitaba para dar alegría a tu vida y así llenarme de ti y complementar los espacios vacíos que había en mi.

 

por Ricardo Goga



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