Conocí a una persona que me encantó, que era la persona mas extraordinaria que jamás volvería a aparecerse en mi vida.

Su nombre era… Bueno, hasta su nombre era especial como él.

Pero, ¿qué lo hizo tan importante? ¿Por qué aún tener la molestia de mencionarlo?

Nuestros caminos tuvieron la dicha o la pena de cruzarse, coincidimos sin imaginar lo que nos esperaba. Era el joven más interesante, no sólo era sumamente atractivo, tenía esa personalidad tan chispeante que cualquiera podría ser conquistada con una simple mirada de sus ojos; era tan inteligente, no por sus notas, sino por la mente tan abierta que tenía, la disposición al cambio y a las sorpresas de la vida, me encantaba su carisma, su sonrisa, su risa… Era algo tan placentero poder ser su compañía.

Un hombre tan tierno que sabía exactamente qué decirle a una chica para poderla enamorar, un caballero que sabía como tratarte para que te fascinara y todo un seductor para que hasta la propuesta más vulgar se escuchara como una propuesta de matrimonio; entendía a la perfección ese arte de la seducción, sabía los movimientos exactos en el momento preciso… Realmente me encantaba, me escuchaba si lo necesitaba, me distraía la atención de cualquier cosa sin estar presente, se volvió en mi pensar de día y noche, obtuvo mi confianza casi al instante que vi su rostro lleno de luz, consiguió lo que nadie antes había podido… Desnudó mi alma.

Cuando conoces a alguien tan extraordinario, quieres estar con esa persona y aun más si es alguien con quien te sientes segura, él así me hacia sentir, secaba mis lágrimas con dulces besos y callaba mi boca con sus hermosos y dulces labios. Realmente quería estar con él, que juntos conociéramos la aventura, que sin importar el día o la hora estuviéramos disponibles el uno del otro.

Lo consiguió, realmente lo logró, me hizo sentir no que teníamos sexo, sino que realmente HACÍAMOS EL AMOR; yo no le entregué mi cuerpo como si estuviera vacío, me entregué en mente, cuerpo y alma; así sucedió, ¡Me sentía plenamente feliz! Jamás había experimentado esa sensación, aunque mi edad era muy corta, sé que no había sido así de feliz jamás, en ningún recuerdo de mi mente, era diferente, pero no como yo hubiera querido…

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Decidió irse, dejándome sola con tantos sueños, con tantas esperanzas y fantasías que supuse realizaríamos juntos; para él fue tan fácil irse como si sólo cambiara la página de un libro, sin ningún esfuerzo.

En mi cabeza no podía procesar como fue para él tan fácil dejarlo todo atrás, no tenía ni el mínimo motivo para hacerlo; ¿En qué me equivoqué? ¿Acaso ya no le intereso? ¿Existirá alguien más? No podía dejar de formular preguntas, pero sólo eran eso, incógnitas llenas de NADA.

¡NO LO MERECÍA! ¡YO NO ME LO MERECÍA!

No fui cruel con él para merecer su indiferencia y frialdad, no fui grosera, ni siquiera celosa, fui comprensiva y una amiga-amante que él necesitaba… Cuando decidió irse no le dije nada, no fui capaz de poder reclamarle algo, ni de exigirle alguna explicación, no podía, si me atrevía a querer escuchar de su boca el porqué me dejó, sé que terminaría aun más devastada.

Dejé que el tiempo pasara, pues dicen que el tiempo cura cualquier herida, pero no estoy dispuesta a dejar pasar mas… Él no fue capaz de tomar valor y darme una explicación, prefirió ocultar su cara detrás de su nuevo amor, pero ya no estoy dispuesta a guardarme mas tiempo esto… No lo odio como persona, porque sería imposible de hacer, odio las acciones que hizo cuando estuvo conmigo. Y no le agradezco que se fuera.

SÓLO PUEDO AGRADECER QUE ME HIZO MÁS FUERTE Y MENOS INGENUA DE LO QUE ERA CUANDO ESTUVE CON ÉL.

 

por Mariel Diaz



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