No me pidas ser tu amiga, terminamos y aunque te haya perdonado, aunque no te guarde rencor. NO, NO SOMOS AMIGOS.

No tengas la confianza de llamarme llorando porque te lastimaron, porque te hirieron, o queriendo compartir tu día.

Discúlpame, pero ahora te pregunto:

¿Dónde estabas tú cuando yo lloraba por ti?

Yo jamás intenté ser tu amiga y contarte mi dolor, ahora no me vengas con cursilerías y golpes de pecho.

No, no soy mala persona, al contrario, estuve ahí para ti siempre, después de todo, jamás perdiste mi apoyo y aun en las peores circunstancias te ayudé, pero hoy, hoy ya no.

Mi vida está hecha, yo soy otra persona, cambié, maduré, mejoré y gracias a ti aprendí mucho, soy una versión mejorada.

Vengo de ti de alguna manera mucho mejor.

Y no esperes que vuelva a lo mismo, ni siquiera intentes ser mi amigo, de verdad NO.

No lo eres y probablemente no lo puedas ser nunca; no me duele lo que puedas contarme, créeme, ya ni siquiera me erizas la piel, pero hoy no seré tu confidente, tu amiga o tu paño de lágrimas, no tienes mi hombro, y no seré tu psicóloga, ya no.

Muchas veces lloré detrás del teléfono fingiendo estar bien, cuando en realidad me dolía el alma, intenté estar de pie y mantenerme así para no verme derrotada.

Hoy, hoy es distinto, hoy estoy bien, ya no me alteras el corazón; pero por mi bienestar, por mi paz y salud mental, no deseo amistad contigo.

 

por Débora Carrasco



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