Mi vida la he pasado en la oscuridad, no sé lo que son los colores o la belleza de los paisajes, no conozco la cara de mi madre. Pero hoy estoy postrado en esta sala de hospital, por fin un donador hay y esta maldita ceguera se alejará de mí.

Oigo el revuelo de los doctores y enfermeras, siento el calor de la luz y de pronto; un pinchazo en mi brazo me hace dormir.

Quiero abrir mis ojos, pero un vendaje me lo impide y sólo escucho voces decir:

– Todo salió bien, mas creo que dentro de su anestesia tuvo pesadillas, ya que gritos de angustia salían de su boca mientras la operación se realizaba.

– Yo lo comprendo, es la emoción, toda su vida la ha pasado sin ver y esos bellos ojos que alguien donó le devuelven la esperanza de lo que durante sus 17 años se perdió.

Comprendí que era el doctor que hablaba con mi madre, aquella que su vida siempre me brindó y nunca su esperanza perdió. Fui perdiendo la conciencia y ya no supe de mí.

No sé cuánto tiempo pasó y comencé a sentir como mi cama se ponía en forma vertical; unas manos comenzaron mi venda retirar, poco a poco sentí el fresco de la mañana y mis ojos comenzaron a parpadear.

Por fin vi la luz, pero no lo podía creer, un hombre y una mujer con sangre en sus manos, gritando desesperados… Ella le reclamó a él:

– ¡Te dije que no estabas en condiciones de manejar!

– Salió de la nada, qué querías que hiciera, no la vi venir.

– ¡Cómo ibas a verla si te quedaste dormido y perdiste el control!

– ¡Déjala y vámonos que nadie nos vio, no hay nada que hacer, ella se murió!

La mujer sollozando no quería escapar, pero el hombre a empellones al auto la subió. Y yo no sé porqué razón quería gritar: no me abandonen, aún late mi corazón.

Vi la luz alejar y de pronto la vi venir y una voz escuché:

– Siga la luz de la lámpara y no se esfuerce de más, hágalo hasta donde sea posible.

Comprendí que era el doctor que acercaba y alejaba una pequeña luz que penetraba mis ojos y me quemaba como si fuego pusieran dentro de ellos, cuando por fin retiró la luz preguntó:

– ¿Alcanza a distinguir algo?

Sorprendentemente mis ojos veían con claridad, miré al doctor y a esa mujer que una sonrisa me dio y sin problema comprendí que era mi madre, que yo a mis 17 años no conocía, le di un gran abrazo y comenzamos a llorar; de reojo vi al doctor alejarse, pues él comprendía que era momento para dos.

En mi casa ya estoy; mas no puedo descansar pues visiones vienen a mí, un auto me arrolla y no puedo ni dormir y siento que la vida se escapa de mí; el doctor dice que son las emociones de por fin poder mirar y que con el paso del tiempo se alejarán de mí.

Es mi primer día que a una escuela normal voy, espero en la parada del autobús. Oigo el frenar y veo a un auto el sentido perder y venir hacia mí; siento como me impacta y siento morir, mis ojos abiertos al carro veo alejar…

 HKZ 2070  alcanzo a distinguir. Cierro mis ojos y los vuelvo a abrir y todo esta ahí, sólo fueron mis alucinaciones que volvieron a venir.

Pasan los días y de mi mente no puedo alejar esos números que vi, comienzo a investigar y sé que son de un auto no muy lejos de aquí; ya no me importa nada y a la dirección de ese automóvil voy, pues quiero saber porqué tengo esa visión.

Es una casa de campo y el auto que yo busco entre malezas se ve, como queriendo ocultar, me acerco a él y entre su defensa retorcida una medalla puedo ver; la tomo entre mis manos y la cara de una bella adolescente se ve y un nombre grabado se lee: “ ESMERALDA”.

Pronto comprendí que ella sus ojos me donó y que no veo lo que quiero yo, sino lo que ella miró.

Me encamino hacia la puerta de ese hogar y antes de tocar, en una terraza a una mujer veo sollozar.

Todavía no extendía mi saludo, cuando esa mujer de hermoso perfil, giró su cabeza hacia mí y con una voz apagada dijo:

– Yo sabía que este día llegaría, que la policía pronto ataría cabos de ese día y que por fin con nosotros darían.

Comprendí que la mujer creía que era yo la autoridad que la seguía, así que dejé que siguiera con su narración.

– Ese día él había bebido más de lo habitual y aunque a diario lo hacía, ese día se excedió, no quiso que yo tomara el volante y el cansancio lo venció; se quedó dormido y se precipitó sobre esa joven que esperaba el camión, después me enteré que ella vivía a sólo unas calles de aquí, era hija del pastor; desde entonces mi conciencia no me deja descansar.

En ese momento se escuchó el grito de un hombre que sin duda estaba ahogado en alcohol.

– ¡Mujer qué esperas para servir la cena!

Entonces al ver mi presencia supuso lo mismo que la mujer, que yo lo iba a aprehender y de un empellón me tiró al piso y salió corriendo tan rápido como su estado lo permitía, subió al automóvil y en forma imprudente aceleró sin percatarse que un gran camión venía en su camino. Murió al instante, sin saber que los ojos de esa joven que él arrollo, vieron cuando su destino lo alcanzó.

8 días después…

Me acerque a esa casa que aún un listón de luto exhibía, al tocar la puerta un hombre me abrió y detrás de él una mujer apareció. Al mirar mis ojos inmediatamente supieron quién era; soltaron el llanto y me fundieron en un abrazo cual hijo fuera.

Les entregué la medalla que había encontrado y les expliqué lo que pasó con ese hombre, que a su hija arrolló y en forma sorprendente él me contestó:

– A ese hombre Dios lo tenga en su reino y a esa mujer que lleva el remordimiento pronto le de tranquilidad.

Yo tengo 17 años, todos ellos pasé maldiciendo mi ceguera y este día, esta pareja de padres que habían perdido una hija, me dieron una lección de vida.

Tomé el rumbo a mi hogar con la certeza de que cada día sería feliz y ninguna persona se quedaría sin mi perdón.

Nunca más tuve alucinaciones y sólo miraba hermosura y esperanza;gracias a los ojos que Esmeralda me dio.

 

por German Gonzalez



     Compartir         Compartir