Realmente lo amaba era lo que siempre había querido, inclusive un poco más.

Su forma de mirarme me cautivaba, me hacía sentir que realmente me quería, lo cual sólo fue una mentira; él  no quería sentirse solo… Buscaba compañía momentánea mientras sus heridas sanaban o mientras su victimaria volvía a hacerle jirones la piel, así le gustaba vivir a él.

Pudiendo tenerlo todo se conformaba con las migajas que le querían ofrecer, mientras yo, siempre dispuesta, simplemente me enamoré.

Sus besos me perdían en lo más profundo de mi ser, pero a la vez me regresaban a la realidad, cruel realidad que él nunca iba a cambiar.

Realmente sólo una vez me había sentido así y con él sería la segunda vez, una oportunidad que me prestaba la vida para poder ser feliz, pero no todo sería fácil, nunca lo fue porque su pasado lo seguía sin oportunidad de respirar, sin espacio para mí… Y yo así lo sentía, pero seguía aferrada a él, tan fuerte como era posible.

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A veces sus caricias no se sentían tan limpias, como que seguían arrastrando recuerdos de otra piel; pero aun así seguí en este camino, porque realmente me había vuelto a enamorar y ahora yo más madura buscaba eso, un amor estable, un amor de verdad; lo cual él no me podía dar y aun así seguí intentando hasta el final.

Sus palabras me envolvían, aun sabiendo que eran mentira,s porque en el fondo de su alma ella seguía muy dentro, aunque él no lo aceptará jamás y su destino sería volver a su lado, aun después de saberse engañado y aun después de haberme amado.

No siempre la vida es justa, te pone a la persona que quieres amar y con la que serias inmensamente feliz, pero no te la pone realmente para ti… Sólo fue cuestión de tiempo para que mi alma se cansara, se agotara yo dejara ir.

Sé que fue lo mejor, en el fondo de mi corazón también sé que con él pude haber sido muy feliz, pero él seguía implantado en su pasado y no tenía intención de dejarlo ir jamás.

A pesar de ofrecerle una nueva vida, un nuevo amor lleno de entrega y un corazón limpio de rencores que podía haberlo amado tal cual sin engaños; él prefirió volver abrir sus heridas y dejar ahí a la causante de ellas.

 

por Judith Amarista



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