DÍAS ASÍ.

Es viernes con las nubes bajas, el cielo gris y el ánimo diferente,  con la sincera esperanza que el tiempo se mantenga igual, al punto de que el domingo en la publicación matutina se mantengan los mismos ánimos de esta media tarde nublada y opaca.

¿Será acaso que el clima influye en nuestras vidas?

Yo no sé, pero siento que la mía en particular está cubierta de una fina nostalgia, de recuerdos, amores y desamores,  amistades, sonrisas y tristezas y alegrías y  que cuando el cielo está nublado salen a flor de piel y se posan en  la vida con un matiz de día sin sol.

Son estos los días que se me apetecen para hacer de mi recámara un claustro, poner en modo off mi celular, preparar unas tazas de café, ponerme algún pants de color, calcetas disparejas y envolverme entonces en las  páginas blancas de un diario; pensar de los muchos otoños e inviernos, de esos que me han acompañado a la par de la historia y dedicarme a escribir, descubrir otra vez esa sensación de gozo como la que suelen tener los niños e imaginar que en un lugar exacto hay alguien que me espera.

Que los poemas que escribo en su nombre serán leídos sin tener que regresarme a la realidad, saber que cuando vuelva a prender mi teléfono te encontraras a otro lado de la línea sin importar la distancia y decir entonces mi frase favorita “Te amo por ser quien eres cuando te descubrí”, y que no me importa la distancia, me importa el sentimiento, pensando entonces de un encuentro enternecedor donde la sonrisa en tu rostro hará además de una cara más amable una cara aun más querida.

Días así son los que quiero donde el sentir abunde y la seguridad se haga presente, días sin sol que me mantengan lista para los acontecimientos de una vida, días que me digan que la distancia no existe cuando se ama, y que el amar se hace menos cuando lo sientes, días que vienen para saber entonces que cuando uno ama no es porque le llegó el amor, sino porque el amor nos escogió para sentir.

Días donde le pueda escribir a la flor, a la luna y al amor y hasta el viejo que se va, donde suela pensar todo lo que digo y diga  por consecuencia todo lo que pienso, donde las primaveras y veranos también se recuerden y al final de ellos, vuelva a decir: “Te amo por ser quien eres cuando te descubrí”.

 

por Katia Olalde

Monclova Coahuila México

 



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