Me gustas mucho.
La verdad no sé en qué momento pasó de ser un saludo descortés y un ¡Te detesto! A esta cercanía y esas ganas de abrazarte. A ese saludo matutino y ese nerviosismo que nos invade a los dos cuando estamos uno frente al otro. De pronto no nos vemos y dialogamos del infinito, pero nos vemos y las palabras no existen, se van con la saliva en la garganta y con el orgasmo reprimido. Es que me gustas, detestablemente me gustas. Irremediablemente, me gustas.

Somos arrogantes, que horrible combinación entre odio y deseo, horrible pero incitante. Es que tú me intimidas y no hay muchos que logren eso. Es que tú no eres de ensueño, y por eso me gustas más. Lo que te hace tan imperfecto es lo mismo que hace que mi estomago cosquillee. Me haces sentir vulnerable, no se diga cuando me tocas. ¡Por Dios que el infierno tiembla! Pues cuando me tocas peco, de mente y un poco más y de obra.

Me muerdo los labios al sin sabor de los besos que no me has dado. Esos besos que imagino cuando miro tu boca.

No sé en qué momento sucedió esto. Recapitulando lo único memorable es que yo decididamente te detestaba. Vívidamente está en mí mente la vez primera en que nuestro ojos se encontraron, sin un ápice de benevolencia, pero si un montón de odio. El primer cruce de palabras, tú odiosa capacidad de caer mal. Tu soberbia, tu inmutabilidad, tú. De repente heme aquí en insomnio. Pensando que quizá, sólo quizá tú me piensas. Conflictuándome con mi yo interno. Debatiendo con el corazón irracional, necio y estúpido, con la mente que grita “¡Huye!”, y con el cuerpo que dice “Sacia”. Entonces todo pierde control. Debo escapar de ti.

Tal vez no piensas igual que yo y la única que hizo esta historia fui yo. Francamente deseo que así sea. Porque no estoy en la disposición de librar batallas por ti. No estoy dispuesta a llorar por ti. Pero ¡Me gustas! ¡Cómo me gustas!.

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Desearía regresar el tiempo para procurar que siguieras estando en mi lista negra de lo que más odio. ¡Mierda! ¿En qué segundo abandonaste aquella lista? ¿En qué segundo baje la guardia? Y ya estás aquí, pasando de listas negras a listas rosas llenas de cursis corazoncitos y patéticas cartas de amor. ¿Cómo me deshago de ti? Porque ¡Me gustas! ¡Cómo me gustas!

Oye, tú desagradable gusto. Me tiro a duelo por besar tus labios. Me tiro a duelo por sentir tus manos y tus brazos sobre mi piel desnuda. Perdí la sensatez con tu malditas ganas de encajar en mí. Te he detestado del mismo modo que hoy me gustas. Y entre mis sentimientos mas oscuros el odio asoma su ojito temeroso, no halla como carajos encajar en ti. Por que ¡Me gustas! ¡sólo tú me gustas! Pero no estoy dispuesta, no quiero enamorarme de ti. No hay cabida para ti en mi mundo, pero la verdad me gustas y sería muy fácil doblegarme a ti.

Deberías seguir siendo soberbio y odioso, entonces entre tú y yo no habría más que discutir. No habría tema de conversación, ni siquiera vivirïas ni en mi mente.

Es tan fácil odiarte, pero me gustas… Me gustas simplemente; me gustas.

 

por Edith Neri



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