Ese día mientras el mundo se derrumbaba ante nosotros, mientras la naturaleza se hacia valer ante el mundo, tú y yo construíamos el nuestro, ese día me llevaste al infinito, a lugares nunca antes vistos, el cielo quedaba muy pequeño en comparación del viaje tan emocionante en el que me llevaste…

Era como si mi cuerpo conociera el tuyo, compaginamos tan bien, tan exquisito, tan tierno, dulce, amargo, frío y caliente; testigo de tu belleza inimaginable, del tacto de tu piel y de el sabor de tus besos, de saber que terminaría ese momento y no querer que pasara el tiempo; destrozando el reloj para no verlo avanzar y poder decir miles: “te amo”.

Cada segundo lo quería eterno y pasaba lo contrario, cada hora parecía un segundo, ahí juntos, en uno de los pocos mágicos momentos que me regalaste y que atesoro en lo más profundo de mi vida.

Ese 25 de mayo, fuiste mía sin prejuicios ni dudas, sin temores ni miedos, así te quería para siempre, y para siempre te quedaste conmigo, en mi alma, en mi corazón, conmigo y al final, el único desastre ocurrido ese día, fue separarnos como todos los días; decirnos adiós, hasta pronto…

 

por Capitan Barbosa



     Compartir         Compartir