Para la mayoría, hacer el amor se refiere al acto donde nos entregamos en cuerpo y al alma al ser amado; yo te hago el amor todos los días, en tantas formas y tamaños, con palabras, con hechos, con encantos.

Cada vez que te hago el amor yo te canto, te pregunto si ya comiste algo y si tu siesta fue rica o lo suficientemente satisfactoria. Me tomo el tiempo de reservar una mesa en tu restaurante favorito, sólo porque sí, porque quiero verte feliz; decido darte el ultimo bocado de mi platillo, porque sé cuánto te gusta. Me pongo tu perfume favorito y a veces, sólo a veces, me atrevo a cambiarlo porque sé que lo notarás y me reclamarás el porqué de tal cosa.

Yo te hago el amor cuando te observo y miro aquel cuerpo adornado de telas con texturas y colores que hacen de su vista algo más hermoso, aunque no mi preferida; cuando te quedas dormido en mis brazos y busco la frazada más caliente para que tu piel no sienta ausencia, ni frío alguno.

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Cuando te escucho hablarme sobre tus pensamientos, a veces tan vagos, a veces tan complejos, tan interesantes, tan placenteros… Y atenta, me lleno de ellos. Cuando disfruto de una forma sobrehumana el sonido de tu voz, la forma en la que me dice que me amas, que me regala la música favorita que ansío escuchar cada día.

Yo te hago el amor cada vez que te doy un abrazo y te entrego mi alma en cada uno; cada vez que siento como tu piel se eriza al hablarte al oído o regalarte la calidez de mi aliento cerca de tu cuello. Cada vez que me miras y mis ojos te gritan callados, que soy tuya.

Cuando te molestas y te hago una mueca horrible para que te rías, o cuando te doy la mitad de mi chocolate preferido. También te hago el amor, cuando quieres ver una película que no me apetece tanto, pero sí el hecho de dejar que tú la disfrutes y te miento, dulcemente, asintiendo cuando me preguntas si quiero verla también.

Te hago el amor todos los días, a todas horas, cuando mi mente se engancha firmemente en estarme recordando en cada sol, en cada luna, tu rostro, tus mejillas, tus clavículas ligeramente dibujadas debajo de ese cuello que tiene el mejor aroma que he respirado.

Te hago el amor, cada vez que te digo que te quiero, más que a nada en este mundo… Ni en otros existentes.

 

por Itzel Dueñas



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