Los celos son la peor forma de amar… No. No estoy seguro si deba vincularse con el amor. Simplemente o se ama o no se ama. Hay personas que catalogan este sentimiento como un complemento del amor. Sin embargo ¿Cuándo sabes si es un sentimiento noble o una emoción destructiva?

Quien se entrega con amor al cuidado de individuos que le son cercanos, es celoso. Quien sufre y hace sufrir con sus incontrolados impulsos de vigilancia y a la vez desconfianza sobre los demás, también es celoso. Son dos caras que a la vez son similares.

Soy egoísta y posesivo. Lo sé, nadie tiene que decírmelo. De principio yo ya lo sabía. Es un horrible defecto que me envenena y se expande cada vez más. Siento que es demasiado enfermizo y desagradable. Lo odio, odio tener este tipo de sensación con la persona que más amo.

Quiero sentir confianza, ya que ella me ha dado la seguridad en la relación. Sin embargo, algo enterrado que parece querer salir me detiene y me recuerda cientos de errores. Es como si unas manos me estrangularan y una voz susurrara que pronto seré suplantado.

Prácticamente estoy dividido por la mitad. Una parte de mí saca a flote recuerdos del pasado que son aterradores y despreciables, mientras que la otra, desvaina memorias dulces y agradables. Poco a poco siento que están siendo fusionadas entre sí, haciéndome sentir de nuevo la preocupación y el temor.

El temor de pensar que ella le está compartiendo su alegría y sonrisa a alguien más. Cuando te enamoras te vuelves egoísta porque lo quieres todo de esa persona sólo para ti…

-¿Lisandro?- Escuché su frágil voz llamándome. Mis pensamientos pudieran más que las ganas de prestarle atención.

Era como si mi mente estuviese bloqueada y no permitiera interferencia de nada. Aun recordaba sus palabras. Aun podía sentir el recuerdo que vivió a su lado. Aun podía imaginarme la experiencia que compartieron juntos. Ahora entendía a la perfección aquella frase. “…No pienso perder de nuevo, Lisandro…” Sabía que había un antes. Que me lo contase, quizás era algo que no quería saber…

Emilie de nuevo había programado un encuentro con Raúl. Ella parecía entusiasmada y alegre. Últimamente se estaba llevando mejor con él, cosa que realmente me desagradaba y no aprobaba en lo absoluto.

Esas pequeñas sonrisas y conversaciones, podrían volverse algo más que un sentimiento de amistad, o al menos así funcionaba en mi perturbada mente. No quería parecer demasiado controlador y posesivo, así que simplemente le sonreí cuando me dijo acerca de su salida. En el fondo quería poner una excusa para detenerla, pero ciertamente no tenía ninguna.

Fue un gran alivio para mí cuando ella decidió invitarme. Emilie realmente quería que fuera amigo de ese tipo ¿Tanto aprecio le tenía?

Obviamente acepté sin hacerme del rogar. Mientras evite esos momentos que él pueda tener a solas con ella, será más fácil alejarlo del camino. A veces no entiendo el sentimiento que fluye en mí. Quiero decir, ¿es protección o es posesión? Soy un caso muy patético y me aterro de sólo pensar que la puedo llegar a fastidiar con mis celos absurdos y fuera de control.

-Ah, pero si es de nuevo Lisandro Riveil. Vaya, nunca te le despegas a Emilie ¿cierto?- Dijo Raúl con una sonrisa demasiado forzada y falsa.

-Digamos que prefiero hacer todo junto con ella. Después de todo, es mi novia.- Estreché su mano nuevamente.

-Tienes razón.- Su mirada fue más de odio. Sentí un pequeño apretón al contacto de su palma. –Confieso que me agrada la idea de que haya más personas en la galería de arte, pero me hubiese gustado pasar el tiempo con Emilie.-

-Oh, lo siento. Creo que debí consultarte primero.- ¡¿Por qué demonios se disculpaba?! No tenía que pedirle permiso a nadie. Joder, este tipo de verdad que no me agradaba.

-Descuida Emi, siempre es grato tener la compañía de alguien más. Y no quise ofenderte Lisandro, es sólo que a veces me siento incómodo en hacer mal tercio.-

Sus palabras no sonaban convincentes. Era fácil adivinar que estaba mintiendo. Hacerse la víctima en frente de Emilie, era una de sus estrategias.

-Descuida. No estoy ofendido. Creo que tienes razón, prometo reservarme mi amor en privado para ella.- Sonreí arduamente. Dos podíamos fingir de la misma manera. No es que me sienta orgulloso de eso, pero si era la única forma de hacerle frente, no me importaba.

-Gracias…- Frías palabras salían de sus labios. La altanería paulatinamente le descendía.

Un encuentro entre nuestras miradas, tensó por breves momentos el ambiente. Ninguno parecía cederla. De verdad que era un descarado.

-¡Entonces entremos! ¡Estoy emocionada de haber venido con ustedes!- Su sonrisa fue un golpe para nosotros. Actuar tan infantil frente de ella era algo estúpido.

-Tienes razón. Perderemos tiempo si seguimos conversando tan amenamente.- Su tono irónico era fácil de notar.

No es que no sea amante del arte, pero me considero sólo un observador. Hay veces en las que se me hace difícil encontrar un significado en las pinturas. Y no es que no pueda, sólo que intento ponerme en la situación del artista. ¿Qué habrá sentido cuando dibujo aquella obra? ¿Qué lo inspiró? Preguntas de ese estilo hacen que me desvíe y comience a crear una historia detrás sin poder trascender el verdadero significado.

Raúl parecía muy energético. Halaba a Emilie del brazo para todos los lados. Le enseñaba una pintura, explicaba el contexto, técnica de pintura, significado, etc. De cada una de ellas.

Emilie como siempre con su tan grande paciencia. Escuchaba y prestaba atención tan serenamente. Yo simplemente me delimitaba a ir detrás de ellos. Parecía una especie de guardaespaldas protegiéndolos. Me sentí de cierto modo abandonado. De vez en cuando Emilie regresaba a verme para lograr acoplarme a la explicación de Raúl.

Di un suspiro prolongado, inconscientemente alto.

-Lo siento…- Escuché decir a Emilie, quien por fin caminaba a mi lado. Parecía algo triste.

-¿Eh? ¿De qué hablas?- Pregunté algo confundido.

-Pareces algo aburrido y agobiado. Siento que tengas que soportar todo esto. Quizás no querías venir…- Me miró con esos tiernos ojos que pedían a gritos una disculpa.

De nuevo fui un imbécil. Mis estúpidos arrebatos de impulso hicieron que se preocupara. El maldito humor cambió drásticamente y cuando me di cuenta, ya la había lastimado.

-N-No es eso Emilie… Estoy feliz de estar contigo. Es sólo que… – Cuando me di cuenta de mis palabras, no tenía ninguna excusa. No tenía algo que inventar o improvisar.

-Ahora entiendo. Por favor aguanta un poco más.- Forzó una sonrisa. La melancolía en sus ojos hizo que explotara en mí un enojo por mi actitud tan patán.

Basta ya Lisandro. Fue lo que me dije. Realmente sentía que cada vez me distanciaba más de ella, y no por el hecho de que Emilie avanzó hacia adelante dejándome atrás, sino por el hecho de sentir que nuestro amor poco a poco decaí. Estoy seguro que si llegase a terminar, yo sería el único culpable, pero… ¿Por qué no hacía nada por evitarlo? Por cambiar… No tenía la respuesta clara. Todo era borroso y nublado.

-Emi, mira. Esta pintura es de Robert Lewis Reid. Es uno de los pintores impresionistas que admiro. Esta obra se llama “The yellow flower Aka” La damisela que puedes observar era su esposa. No hay duda de que todos los artistas tienen una musa.-

-¡Es hermosa!-

-¿Verdad? Aunque en lo personal me gusta más una pintura suya llamada “Azaleas” Dime, ¿tienes un artista en particular que te guste?-

-Bueno, confieso que no conozco a muchos artistas. Pero hay uno en especial que me agrada. Su nombre es Graham Gercken.-

-¡Ah! Así que te llama la atención la pintura impresionista australiana. ¡Vaya! Que coincidencia. A mí también me fascina su trabajo.-

-¿Enserio? No conocía a nadie que le gustara.-

-Parece que tenemos muchas cosas en común Emi.-

-Ya lo creo. Estoy feliz de que podamos ser amigos.-

-Yo también siento lo mismo Emilie. Nunca había conocido alguien como tú.-

No faltaba tener una excelente visión para sentir su mirada burlona. No podía interferir en esa conversación, Emilie no parecía incomodada en lo absoluto. La melancolía de hace un momento parecía haber desaparecido gracias a él.

-Me disculpan un momento, pero tengo que ir al lavamanos. No tardaré.-

-Tomate tu tiempo Emilie.-

De nuevo me quedaría a solas con este sujeto. Pronto comenzaría a hablar sarcásticamente como la última vez. Y así fue, ni siquiera esperó mucho tiempo.

-Lisandro, en verdad que eres una molestia. Pero, no importa. Tu relación no durara mucho tiempo, acuérdate de mí, que yo seré la razón de que terminé pronto.-

-No sé de qué estás hablando. Tienes demasiado ego como para decirme todo eso en estos momentos.-

-Así que realmente confías en su amor. Era de esperarse, ella es única. Pero, ¿qué hay de ti Lisandro? ¿De verdad la amas al 100%? Quizás aún existan dudas.-

-No, no existe ninguna duda con respecto a eso. Yo la amo demasiado, ella es mi mundo entero. Así que de una vez te pido que te alejes de ella. Emilie es sólo mía y no tengo la más mínima intención de compartirla.-

-¡Vaya! Que altanero eres. Hablas de Emilie como si fuese un vil objeto. La marcas como tu propiedad sin tener en cuenta lo que realmente quiere. Eres muy egoísta Lisandro. Idioteces como esa, hacen que una relación se enfríe demasiado pronto.-

-Di lo que quieras. Eso no hará que cambie mi idea de separarla de ti. Yo confío en ella. Sé que me ama y haré que siempre lo recuerde.-

-Entonces por qué te empeñas en alejarme de ella. ¿Acaso tienes miedo de perderla? Es mentira que tienes confianza. Sólo pretendes cuidarte a ti mismo de no salir dañado.-

-Por supuesto que no…-

-Entonces ¿por qué pareces inseguro de tus palabras? Si ella se enamora de alguien más ¿de verdad la retendrías? ¿Intentarías suprimir sus sentimientos?-

-Yo no podría hacer eso… Pero…-

-¿Pero? No hay excusas Lisandro. No puedes elegir el enamoramiento de una persona y mucho menos obligarla a permanecer a tu lado. Tu concepto de confianza es muy distinto al mío. En fin, sólo prepárate para decirle adiós porque como mencioné antes, no pienso perderla de nuevo.-

-¿Qué ocurre contigo? Estás hablando otra vez en pasado…-

-¿Uh? ¿Acaso no te lo mencioné? Fui una especie de amigo en su infancia.-

-¿Eh?… Ella nunca mencionó eso.-

-No me sorprende que se haya olvidado de mí. Fue hace 16 años cuando le pedí que jamás se volviera a cercar a mí. Fue un terrible error que pienso enmendar.-

Fue cuando comenzó a contarme su recuerdo guardado…

« Inspiración; Revelación; Iluminación; lira… Son algunos de los significados de Musa.

Una musa que mi maestro me obligó a buscar…

Tu arte no expresa una emoción, es como si hubiese sido plasmado cuadradamente. Es como si todo fuese gris y vacío. Fueron sus estúpidas palabras.

Pese a mi corta edad de 12 años, yo amaba dibujar, y lo hacía bien, o eso era lo que decían mis padres y mi maestro. Dibujar es demasiado sencillo, no hace falta esforzarse en lo absoluto. Por eso no necesito una musa o cómo le llamen. Además ¿dónde debería encontrarla? ¿Dónde tengo que buscar?

-Tonterías- Subí la colina del prado que estaba cerca de mi casa. Contemplé unos segundos el cielo junto con las delicadas nubes emblanquecidas. Me sentí impotente y exhausto. Cierto enojo y recelo me invadió.

Observé una vez más mi dibujo. Era una pequeña abeja posada en una flor pintada al óleo. Es verdad que lo pinté porque fue lo primero que vi. No me tomé la molestia de buscar algo más.

¿Debería renunciar? Fue una pregunta que me aterró. No quería abandonarlo, pero me sentía algo inútil. Era la primera vez que tenía un comentario negativo, o al menos así lo percibí.

Decidido a marcharme, fue justo cuando la vi. Junto a un árbol que cerca estaba. Era una niña pequeña, de largo cabello castaño. Había caído de sentón al piso por haber trepado al árbol. Inconscientemente la fui a ayudar.

-Oye, ¿estás bien?- Le extendí mi mano para poder levantarla.

-Ah, sí. Gracias.- Con mucho cuidado la alcé. Era una niña muy linda. ¿Ella podría ser mi musa quizás? No. No hay forma de que eso suceda. Su belleza no me provocaba la tan exaltante inspiración que mi maestro decía.

-¿Qué hacías allá arriba? Es muy peligroso.-

-Lo sé, pero si no lo hacía, ese pequeño sería lastimado aquí abajo.-

Miré hacía la rama de dónde cayó. Había un pequeño nido con un polluelo de arrendajo azul. ¿Ella lo había subido de nuevo?…

-¿Por qué lo ayudaste? De todas formas morirá en otra parte una vez deje el nido.-

-Pero… Si puedo alargar su vida un poco más, creo que está bien. Puede que su belleza sea admirada por alguien más, y si no lo hacía, su madre se podría poner muy triste ¿verdad?- Sonrió gentilmente.

-Es algo tonto, arriesgarse por un ser insignificante. Pudiste haberte hecho daño.-

-Tienes razón, pero aun así, es una vida.-

-Eres algo tonta. Pero es tu problema. ¿Cuál es tu nombre?-

-Oh, me llamo Emilie. Emilie Miller. Un placer.-

-Tú debes ser hija de los nuevos señores que llegaron hace poco ¿no es así?-

-Si. Yo vivo allá en esa casa.- Apuntó su dirección.

-Ya veo. ¿Qué es lo que haces tan lejos de tu hogar?-

-Hoy es mi cumpleaños. ¡Cumplo 8 años! Mis amigos y mi primo decidieron jugar a las escondidas, entonces mi primo y yo nos escondimos hasta acá. Pero estuvieron a punto de hallarnos, y mi primo me pidió que me quedara aquí escondida, y que él evitaría que me hallasen. Fue entonces que vi al pequeño pichuelo e intenté ayudarlo.-

-Eres algo extraña… Muy bien, entonces me voy.- Decidí marcharme, no tenía de que hablar con esa clase de persona.

-¡Oh! Espera, no me has dicho tu nombre aun.- Me tomó de la manga de mi playera, evitando que me marchara.

-No es asunto tuyo.- Me zafé de su agarre y seguí caminando rumbo a mi caso.

Recostado mirando el techo de mi cama. Mi menté recordaba una y otra vez ese raro encuentro. Aquellas palabras que dijo, se repetían una y otra vez. Algo en aquel nido me había cautivado. Era la primera vez que sentía una esplendida emoción.

Fue entonces que decidí regresar al día siguiente a donde se encontraba el nido. Llevé un blog de dibujo para intentar plasmar aquella imagen. Me senté cerca del árbol y comencé con mi boceto. El pequeño arrendajo azul permanecía quieto, como si supiese que sería capturado en un dibujo.

 

-Ah, pero si eres el niño de ayer. ¿Cómo estás?- De nuevo la misma niña. Se sentó a mi lado con una ardua sonrisa en sus labios.

-¿Qué haces aquí otra vez?-

-Quería asegurarme de que la pequeña ave no volvió a caer. ¿Y tú? ¿Qué es lo que haces?-

-Estoy tratando de dibujar.-

-¡¿Enserio?! ¿Qué es lo que dibujas?- Se acercó más a mí.

-Eres demasiado curiosa. No es de tu incumbencia.- Me alejé de ella. Se estaba volviendo una molestia.

-Que malo eres. Sólo quería ver tu arte.- Parecía triste.

-Lo que dibujo no es arte… Mi maestro dice que no transmite ningún sentimiento, que es sólo un boceto muerto.-

-¿Pero qué dices? Eso es imposible. Al dibujar lo haces con sentimiento ¿no es así? Entonces contiene una emoción, que tu maestro no logre verlo, hace que él sea un cuadrado.-

-No lo creo. Yo sólo dibujo lo que veo. No hay sentimiento concreto, sólo es pura estética.-

-Estoy segura de que eso no es verdad.-

-¿Cómo podría saberlo alguien como tú? No intentes darme ánimos si no lo entiendes. Mira…- Saqué el dibujo de la abeja y se lo mostré. -¿Podrías interpretarlo? ¿Acaso notas un sentimiento en esto?- Me sentía algo enfadado. Pensé que sabría su respuesta. Un seco y gran NO.

-Si. El amor. Eso es lo que percibo.- Me quedé sorprendido por su rápida respuesta.

-¿El amor?… ¿Por qué?- Perplejo por la seguridad en sus palabras, quería saber su percepción.

-La abeja que has dibujado es una obrera. Ellas son las encargadas de cuidar a la reina. Todos los días han de salir a polinizar las flores para mantener su gran colmena. Se enfrentan a muchos peligros y pueden llegar a morir para proteger a su gran familia. Sin duda alguna es una prueba de amor ¿verdad?-

-Se llama subsistencia…- No podía creer lo que oía. De verdad esta niña era muy diferente.

-¿Eso crees? Ya veo. Sólo es mi percepción. Llámalo instinto si quieres, pero siento que es un acto de heroísmo el arriesgar sus vidas. Además de que logran que las flores sigan floreciendo. Nos regalan belleza inconscientemente y tú has retratado eso… ¡Ah! Perdón, no quería parecer extraña…-

Por un breve momento sentí alegría. Ella logró ver algo que ni siquiera yo había notado.

-De todas formas ya lo eres. Tonta.- Revolví su cabello. –Me tengo que ir.- Tomé mis cosas dispuesto a marcharme.

-No soy una tonta. Que malvado eres.- Parecía enfadada. Cosa que me hizo gracia.

-Claro que lo eres. Una cosa más, ven mañana a la misma hora. Quiero enseñarte algunos dibujos más que hice…- No entendía por qué tenía tantas ganas de que los viera.

No esperé a que respondiera, simplemente seguí caminando. En ningún momento le pregunté si quería venir, fue más bien una orden. Así que confiado, regresé al otro día al mismo lugar.

Ella ya estaba sentada recargada al árbol, esperándome. Noté que observaba al pajarito, quien no paraba de trinar.

-Hola.- Me senté a su lado. -¿Por qué lo miras con tanta insistencia?-

-Me preocupa. He llegado desde hace una hora y su madre no ha venido ni una sola vez. Quizás tenga hambre ¿no lo crees?- Parecía realmente angustiada. Realmente no la entendía.

-¿Quieres que busquemos que darle de comer?- Pregunté tratando de calmarla. Después de todo, tampoco quería dejar morir al arrendajo. Él fue mi fuente de inspiración.

Ella asentó rápidamente. Fue entonces que regresé a casa por algo de alimento que mi madre le daba a sus gorriones. No estoy segura si sea el alimento correcto, pero algo era seguro. De hambre no moriría. Eso quería creer.

Al llegar, traté de acercarme al polluelo, pero este reaccionó de una manera algo agresiva y se alteró tanto que estuvo a punto de caerse de nuevo.

-Lo estás asustando.- Escuché el regaño de Emilie.

-No es mi culpa.-

-Déjame intentarlo.-

-De ninguna manera. Podrías lastimarte y no quiero una reprimenda por parte tus padres.-

-No lo haré, lo prometo.-

-No lo conseguirás, pero como quieras.- Me bajé del tronco y me aparté.

Ella trepó de inmediato y subió un puñado del alimento. El pajarito ni siquiera se inmutó, parecía como si supiera que fue ella quien lo salvó.

Me quedé contemplando esa escena unos segundos, y algo diferente llamó mi atención. El viento que corría mecía delicadamente su cabello, el sol le daba una luz bastante clara a su piel. Era resplandeciente y maravilloso. Su sonrisa era diferente, era más hermosa…

¿Qué estaba ocurriendo? Algo nuevo en mí brotó. Una sensación desconocida y distante.

Cuando intentó bajar, resbaló por un falso contacto con su pie. Cayó encima de mí. Unas cuantas hojas también bajaron del árbol y se atoraron en su cabello.

-¿Estás bien? Te dije que era peligroso…- Me sentí nervioso mientras retiraba cada una de las hojas. Su rostro era más claro al estar tan cerca de mí, sus labios rosados y pequeños eran cada vez más lindos.

-Si… ¡Ah! Lo siento. Creo que te lastimé…- Se levantó enseguida. Yo seguí algo confundido. El deseo de querer besarla se había apoderado de mí. Sólo dos días llevaba de conocerla y además era una niña de 8 años.

-Descuida. No hay problema.-

-Pobrecito. Creo que lo han abandonado.-

-No lo sé, pero es extraño que la madre no haya acudido al oír el llamado de su polluelo. Morirá si está solo. Aún es muy pequeño.-

-No quiero que muera…- El verla triste no me era agradable.

-¿Entonces por qué no lo cuidamos? Después de todo, no tiene a nadie…-

-¡¿Enserio?!- Su sonrisa volvió. -¡Gracias!-

Sin darme cuenta, ya me había envuelto en su encanto. Terminé comprometiéndome a todos los días ir con aquel arrendajo azul y a encontrarme con aquella pequeña.

Era extraño pero cada vez más sentía unas inmensas ganas de dibujar. Cada momento que pasaba con ella quería plasmarlo, sin embargo, no podía. Me era muy difícil hacerlo.

Comencé a desesperarme. Yo era una de las personas que fácilmente si quería, podía dibujar, pero ahora se me hacía muy complicado.

Lo que fue un pequeño e indefenso pajarillo, ahora era un arrendajo azul adulto. Emilie logró enseñarle a volar. Ambos jugaban en el prado, mientras yo únicamente los observaba. Ella parecía una bailarina moviéndose sutilmente en sincronía con el viento.

El canto del ave, sólo animaba el ambiente. ¿Acaso era demasiada perfección que no podía ser capturada? Me estaba abrumando y fastidiándome por ese hecho.

¿Qué podría ser? ¿Acaso perdí el talento? ¿Estar con ella hizo que dejará un lado tal actividad?

Sentado en la silla de mi escritorio. Tomé una hoja en blanco y traté de dibujar lo primero que observé. Sin embargo, mis pensamientos eran bloqueados por ella…

No podía imaginarme otra cosa que no fuese ella… Emilie con su tan grande sonrisa. Sin darme cuenta, mi mano ya había comenzado a dibujar el trazo. Puse todo detalle en cada parte de su rostro. Las líneas prácticamente se regían solas. Nunca pude dibujar sus ojos, ni mucho menos su sonrisa. Anteriormente había logrado a la perfección dibujar rostros.

Esto era algo ¿malo? ¿Tenía que preocuparme? ¿Tenía que angustiarme? Nunca había sentido tal emoción, sentía enojo y rabia.

Tengo que alejarme de ella… Fue lo que pensé. Ella me bloqueaba de lo que realmente quería ser. Me detenía y me obligaba a pensar en ella.

Pensé que sería lo mejor para mí… Pero fue un error…

-¡Sólo desaparece de mi vida! ¡Eres una molestia! ¡Estás hastiándome siempre con tus tonterías! Fue un error usar palabras amables contigo… No quiero volverte a ver más…-

Sin darme cuenta, me condené. La perdí… Perdí mi inspiración, perdí a mi musa.

Yo creí que quizás ella regresaría igual que siempre… Ella nunca volvió… Dejé de verla. Dejé que se fuera por mi inmadura y precipitada decisión.

Intenté no perder mi recuerdo de ella, traté de dibujar su rostro. De tenerla por lo menos en una pintura. Pero fue imposible… Cuando me di cuenta, el recuerdo se debilitaba y lentamente se borraba… Fue entonces que decidí abandonar la pintura. No tenía sentido seguir practicándola. Una vez que conocí la inspiración, me era muy difícil dibujar sin ella.

Los años pasaron y aun con una frágil memoria, la recordaba. Volví al mismo lugar que solía ir de niño. Y entonces, volví a ver al arrendajo azul… Ahora con sus crías. Y dormida con un libro entre sus brazos, ella nuevamente apareció.

Intenté acercarme sigilosamente, para no despertarla. Sin duda alguna se había convertido en una hermosa damisela. Ella ahora tenía 13 años y yo 17. Con una expresión dormilona y serena. Su respiración parecía calmada. Sus mejillas rosadas al igual que sus labios. Aun sentía la misma emoción de aquella vez que cayó del árbol.

El magnetismo se hizo mayor y no resistí más. En un instante, uní mis labios con los suyos. La sensación era suave y fría, pero bastante cálida. El corazón me latí tan eufóricamente. Parecía a punto de salir.

Ella se movió ligeramente. Aterrorizado me alejé y me escondí detrás del gran árbol, rogando que no me viera. ¿Cómo podría explicarle las cosas con mi actitud tan grosera?

Talló sus pupilas sutilmente.

-¿Fue un sueño?- Tocó la comisura de sus labios. Me sonrojé por breves momentos. –Creo que es hora de irme. Adiós pajarillos.- La vi marcharse.

Este sentimiento se hacía cada vez más grande. Tanto que por fin pude terminar la pintura. El haberla visto logró volver a crecer aquella sensación de inspiración. Nunca me había demorado tanto en una pintura, por eso es que era especial… Cinco años para terminar un cuadro. Cinco años que intenté ponerle sentido a mi vida.

No me importaba no verla de nuevo. La tenía en pintura y siempre atesoraría a mi hermosa musa… Siempre la amaría…»

-Pero, eso ha cambiado ahora Lisandro… La he vuelto a ver y pensé que después de tantos años por fin mis sentimientos por ella se apagarían. Pero es imposible. No puedo olvidarla y tampoco quiero. Por eso, lucharé por ella.- Perplejo ante su relato. Me di cuenta entonces que Emilie nunca me dio su primer beso… Él lo robó…

-Fuiste un idiota al dejarla ir. Tuviste tu oportunidad y la desperdiciaste. Ahora no pretendas querer enmendar las cosas.-

-Entiendo, pero no lo acepto. Yo no más… Si tanta confianza tienes. No tendrás problemas ¿verdad? Sólo recuerda que si ella se enamora de alguien más, no podrás detenerla.

El destino hará que se separen, se reencuentren y vivan un final feliz. Esa frase me revoloteaba en mi cabeza. ¿En verdad podría ser el destino? Me aterré a esa simple idea.”

Ahora que lo pienso, él tenía razón. No puedo evitar que sienta amor por alguien más. No importa cuánto me duela… Dejaré que mi pequeña ave se vaya, si decide que su destino es volar…

 

por Wendy Rios



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